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  AMOR E INTIMIDAD DE PAREJA

EL AMOR COMO DECISION

Imagen  de Maria Gladys Quintero Arguello

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El amor es la experiencia humana más sublime que hay; es un misterio de una grandeza y profundidad tales que es casi imposible de definir. Amar verdaderamente es querer el bien de la otra persona. Sullivan dice: “Amar es sentir que las necesidades de la otra persona son tan importantes como las propias” y La Croix lo define: “Amar es esforzarse hasta el máximo por ser uno, sin dejar jamás de ser dos”. El amor es la fuerza de la vida; uno de los grandes poderes que mueve al mundo; una experiencia indescriptible que llena nuestra existencia de luz y de sentido; algo tan inefable que san Juan, en el Nuevo Testamento, dice que “Dios es amor”, para describir el culmen de la perfección, la bondad, la ternura, el perdón y todo lo mejor que puede existir. A través de toda la historia de la humanidad se ha hablado del amor, se le ha cantado y ha dirigido muchas veces los destinos del universo, comenzando por la creación, que fue un acto de amor. Es tan importante el amor en la vida humana que alguien aseguró: “Más vale amar sin esperanza (o amar y fracasar en el intento, diríamos nosotros) que no haber amado nunca”. Aunque es casi imposible pensar en algún ser humano que no haya vivido la emocionante experiencia del amor. No es verdadero amor el enamoramiento superficial e idealista, que es muchas veces simple atracción física, sin profundidad ni bases firmes. Tampoco lo es el amor posesivo, en el cual la persona trata a la otra como si fuese un objeto, para su propio placer, utilizándola como si pudiera disponer de ella y manejarla a su antojo. Generalmente creemos que el amor es solamente un sentimiento, un estado emocional, una fuerza que nos hace sentir atraídos hacia otra persona hasta el punto en que ya no podemos vivir sin ella, y creemos que sólo a su lado tiene razón de ser nuestra vida, pues su amor le brinda luz y belleza, significado y motivación a nuestro mundo y a la existencia. También nosotros creíamos eso y así lo vivimos cuando nos enamoramos y durante los primeros años de matrimonio.  Por este modo de pensar, cuando empezamos a tener problemas en nuestra relación de pareja y a percibir entre nosotros distanciamiento y rutina, sentimos una profunda angustia, creyendo que nuestro amor podría acabarse y desaparecer el sentimiento que nos unía. Pero en esa etapa difícil, participamos en un Encuentro Matrimonial y allí aprendimos algo definitivo para fortalecer nuestro amor y renovar nuestra relación de tal manera que hoy creemos poder afrontar y superar todos los obstáculos para ser cada vez más una pareja feliz, dentro de lo que es factible en esta tierra.

 

 La enseñanza fundamental que recibimos fue: AMAR ES UNA DECISIÓN. Es decir que, además de lo que expresamos antes sobre el amor como un sentimiento y un estado emocional, al comprometernos a amar a alguien, debemos avanzar más todavía, para llegar al AMOR COMO UNA DECISIÓN, UN ACTO DE LA VOLUNTAD. El verdadero amor del que hablamos aquí significa ir más allá de tener sentimientos afectuosos y tiernos hacia el otro. Significa que en todo momento escojo y quiero amar a mi pareja tal como ella es, con sus cualidades y defectos, con sus talentos y limitaciones. Es ir más allá de mis estados de ánimo, para abrirme y relacionarme con el otro y encontrar así la satisfacción real de mis necesidades y ayudarlo a satisfacer también las suyas. Es creer en la bondad del otro, estar seguro de su amor por mí, superando mi falta de autoestima, asumiendo el riesgo de tener fe en mí y en mi pareja, para mostrarle que le sigo dando mi vida y la sigo aceptando, pase lo que pase. ”Amar es una decisión” significa recibir a la otra persona tal como es y no como tal vez la idealizamos en los primeros tiempos del noviazgo y el matrimonio, sin exigirle que cambie ni querer moldearla a nuestro gusto, permitiéndole ser lo que ella es. Amarla en los momentos alegres o en los tristes; sea que uno o ambos estemos de mal genio o que nos sintamos tranquilos; sea que estemos pasando una etapa de paz y armonía en nuestra relación, o que estemos enfrentados a una crisis. Es querer tomar la responsabilidad total de nuestra relación, luchar por fortalecerla, combatir la rutina y la monotonía, enfrentar los problemas que tenemos y no dejarlos pasar para evitar quizás un disgusto o una pelea; es buscar con empeño hacer de nuestra relación algo que valga la pena. Es amar al otro de tal manera que yo le ayude a encontrar sus necesidades insatisfechas, para que él se decida a satisfacerlas gracias a nuestra relación, pues nuestro amor es el camino más adecuado para llenar nuestras necesidades más profundas y fundamentales, haciendo de nuestra relación de pareja lo más importante en nuestra existencia, nuestra máxima prioridad. Podemos hacer de nuestro matrimonio algo grandioso gracias a la decisión de amar. “Amar es una decisión” significa también tomar la decisión de dejarme amar por el otro, pues mi falta de autoestima puede hacerme pensar que debo dar amor, pero me impide recibirlo, porque no creo merecerlo.  ¿Qué podemos sacar como conclusión de aquí? Tú sabes, los tiempos cambian, las costumbres cambian, pero los principios de Dios permanecen. ¿Cuál es el principio aquí? Que el amor genuino no varía, permanece, y que puede esperar. De tal manera que no hay tal cosa como un amor genuino y puro, que sea al mismo tiempo tan apasionado, tan avasallador que obligue a dos jóvenes a casarse ahora ya. No existe eso.  El amor genuino, el amor de Dios puede esperar todo el tiempo. Como es genuino no tiene el problema que tiene el oropel, que se corrompe y se oxida. El amor genuino es como el oro. No importa que esté al viento, y sujeto a todos cambios de temperatura, y a todas las circunstancias. Permanece igual. Ese es el principio. Veamos un poco más acerca de este amor. "Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.  "De todas las cosas grandes que se dicen en este versículo, vamos a rescatar una frase, la que dice "y se entregó a sí mismo por ella." El amor genuino no tiene todas las flechas y todas las direcciones enfocadas hacia el "yo", sino que todo apunta hacia el "tú". De tal manera que el amor posesivo, el amor sensualista que busca deleite, y que busca el ensalzamiento del ego, ese no es amor.  ¡Pero hasta aquí no hemos dicho nada aún acerca del verdadero amor!



El amor verdadero no reside en el alma, sino en el espíritu. Si no estás familiarizado con los términos "alma" y "espíritu", vamos a explicar un poco. El alma es el lugar –intangible por supuesto– donde reside nuestra personalidad, donde está nuestra voluntad, nuestra inteligencia, y nuestros sentimientos y afectos. Estas son las tres grandes facultades del alma. Eso corresponde al yo, a mi manera de ser, a mi persona en particular. La gente que no conoce a Dios tiene dos partes en su ser que están funcionando: el alma y el cuerpo. Pero cuando una persona nace de nuevo, entonces revive su espíritu, que es donde viene a habitar el Espíritu de Dios.  Todas las personas del mundo, no importa si son hijos de Dios o no, tienen en su alma la facultad de amar, de odiar, de enojarse, de entristecerse, de tener sentimientos, emociones, y de tener una capacidad de decidir. El amor "pasional", este amor de Sansón, este amor de Amnón, es un amor que reside en esa parte: el alma.  En cambio, el amor espiritual, el amor de Cristo por la iglesia, el amor del que se habla  no procede del alma. No es un simple sentimiento; no es la simple emoción de sentirse agradado al lado de la persona a quien se ama. Es también una emoción, es también un sentimiento del espíritu, del ser interior que uno tiene adentro luego que uno ha conocido al Señor.  De manera que, aunque esto resulte fuerte, tenemos que decirlo: el verdadero amor no reposa en quien que no ha conocido a Dios. Simplemente, no lo conoce. Conoce un remedo, una imitación, una caricatura, una sombra. Algo que "parece", pero que no es. ¿Y sabes qué es lo que sostiene –en muchas parejas– el llamado amor que se tienen? Muchas veces es simplemente una confraternidad, una mutualidad, porque ambos se necesitan el uno al otro, porque les conviene estar juntos. Ambos sacan provecho el uno del otro. Pero ellos no conocen el verdadero amor.  Nosotros, como hijos de Dios tenemos por lo tanto, la opción de amar de verdad. El mundo no tiene opción. Ellos aman con el único amor que conocen, el sentimiento y la pasión del alma. Pero nosotros tenemos dos opciones: tenemos el amor del alma, que podemos sentir igual que ellos; y tenemos el amor como un fruto del espíritu que reposa en nuestro corazón, y que es de Dios.

 

 

Publicado el 19 de Septiembre de 2011 , por Maria Gladys Quintero Arguello, 1187 visitas


CHANTAJE EMOCIONAL - Hombres / Mujeres

Imagen  de Maria Gladys Quintero Arguello

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El chantaje emocional es una forma de manipulación muy poderosa en la cual personas queridas o cercanas nos amenazan, directa o indirectamente, con castigarnos de alguna manera sino hacemos lo que ellos quieren. El chantajista no conoce parentesco, amistad o autoridad, el manipula porque sabe cuánto valoramos la relación que nos une, escudándose o disfrazando su verdadero plan, con sentimientos, por rencor o por no saber perder, como otras grandes virtudes. El chantaje emocional es una práctica habitual de maltrato psicológico que denota debilidad e inseguridad en quien lo practica y servidumbre en quien lo padece. La imposición se lleva a cabo utilizando los sentimientos como arma. La negación a aceptar las exigencias del otro se califica de traición a la amistad o el cariño. Siempre se necesitan dos para el chantaje, exploraremos la psiquis de un chantajista. No todos tienen el mismo estilo o los mismos rasgos caracterológicos: algunos son pasivos; otros, bastante agresivos; algunos son directos y otros sumamente sutiles; algunos nos dicen con mucha claridad cuáles serán las consecuencias si los contrariamos, y otros, por fin, enfatizan cuánto los estamos haciendo sufrir. Pero más allá de cuán diferentes puedan aparecer a primera vista, todos ellos tienen grandes rasgos en común, características que alimentan su conducta manipuladora. Veremos cómo estos chantajistas utilizan el miedo, la obligación y la culpa, además de otras armas, y comprenderemos qué los impulsa a actuar de la manera en que lo hacen. El miedo es visto por el miedo a las pérdidas, el temor al cambio y al rechazo, el miedo a la pérdida del poder, es el terreno común en que se mueven todas las personas que se convierten en chantajistas. En algunos casos, esos miedos radican en una larga historia de sentimientos de angustia e ineptitud. En otros, podrán ser la respuesta a incertidumbres y estrés más recientes, que han socavado su autoestima y sus sentimientos de competencia y seguridad. El potencial para convertirse en chantajista aumenta en forma súbita a medida que los miedos se acumulan en la vida de esa persona. Verán con cuanta facilidad ciertos hechos desencadenantes, como el rechazo sentimental por parte de otra persona, la pérdida de un trabajo, un divorcio, el retiro de la vida laboral o una enfermedad pueden convertir en chantajista a alguien de nuestro entorno inmediato.

 

El precio que pagamos cuando cedemos reiteradamente al chantaje emocional es enorme. Los comentarios y actitudes del chantajista nos hacen sentir desequilibrados, avergonzados y culpables. Sabemos que tenemos que modificar la situación y, reiteradamente, nos prometemos que lo haremos, sólo para encontrarnos, una y otra vez, burlados y manipulados, como que hemos caído de nuevo en una emboscada. Comenzamos a dudar de nuestra capacidad de mantener las promesas que nos hacemos y perdemos la confianza en nuestra eficiencia. Nuestra autoestima se va erosionando. Y lo peor de todo es, quizás, que cada vez que nos rendimos al chantaje emocional, perdemos contacto con nuestra propia integridad, esa brújula interior que nos ayuda a determinar cuáles deberían ser nuestros valores y nuestra conducta. A pesar de que el chantaje emocional no es un abuso psicofísico violento, no hay que caer en la tentación de suponer que el precio que se paga no es muy elevado. Cuando convivimos con él, el chantaje emocional nos carcome y se expande hasta dañar en lo más hondo nuestras relaciones más importantes y nuestra propia autoestima. Sin nuestro consentimiento, el chantajista se vuelve totalmente impotente, para que el comportamiento de alguien pueda ser calificado de "chantaje emocional”, deberá tener ciertos componentes. Podemos hacer ese diagnóstico de la misma manera que un médico determinaría que una persona tiene algún malestar físico: analizando los límites.

 

Perfil del chantajista: Son personas que saben cuánto se valora la relación con ellos y conocen los puntos débiles y los aspectos vulnerables de quienes les rodean. Este tipo de extorsionadores, a pesar de poder dar la impresión de ser personas maquiavélicas y enrevesadas, en el fondo esconden debilidad e inseguridad ante el criterio y la libertad de actuación de sus seres queridos. El chantaje emocional consiste en un arma muy destructiva, tanto si se utiliza en la pareja, como con padres o hijos. Los “chantajistas” de tipo emocional presionan y extorsionan a sus parejas hasta conseguir que hagan lo que ellos quieren. Este chantaje tiene consecuencias negativas para el que lo recibe, ya que afecta a la autoestima e incluso muchas veces hace que aparezca el sentimiento de culpa. El chantaje emocional se manifiesta de diferentes formas en las personas, por lo que existen distintos tipos de “chantajistas emocionales”. Su espíritu posesivo, les hace mostrarse como víctimas cuando su prójimo no actúa según su capricho o antojo. Para conseguir que se acaten sus deseos, han aprendido a provocar la culpa. Susan Forward, en su libro Chantaje emocional, distingue diferentes perfiles del chantajista, no todos tienen el mismo estilo aplicado en hombres y/o mujeres. 1. EL CATIGADOR: dice exactamente lo que quiere y las consecuencias a las que a las que tendrá que atenerse si no se cede a sus deseos. Los que utilizan el castigo. Intentan dominar a los demás mediante amenazas del tipo “Como no hagas lo que te digo...”. Asustan, inhiben y provocan miedo en la otra persona, aunque raramente cumplen los castigos que prometen. Generalmente, se valen de la vulnerabilidad de sus relaciones para que todo les salga como ellos quieren. 2. EL AUTOCASTIGADOR: en vez de amenazar a la otra persona, sus amenazas se dirigen hacia ellos mismos, utilizan expresiones del tipo “Si no haces eso me moriré”, “te abandonare” “como no hagas lo que te digo”. Intentan dominar a los demás mediante amenazas, asustan, inhiben y provocan miedo en la otra persona, aunque raramente cumplen los castigos que prometen. De esta manera logran que en sus víctimas aparezca un sentimiento de culpabilidad y accedan a sus exigencias. Generalmente, se valen de la vulnerabilidad de sus relaciones para que todo les salga como ellos quieren, se dañará, a sí mismo, si no se hace lo que él quiere pero, claro, antes avisa anticipadamente. 3. LA VICTIMA: te “obliga” a adivinar sus deseos para, luego, dejar claro que es nuestra responsabilidad el asegurar que lo obtenga. Los sufridores son personas calladas, muy silenciosas y generalmente depresivas. Se valen de suspiros y silencios “eternos” esperando a que los demás descubran lo que les ocurre. Sus pensamientos son “Si me quisieras tanto como dices tendrías que saber lo que me ocurre”. No amenazan directamente a la persona, pero hieren y confunden. 4. EL PROVOCADOR: ofrece promesas maravillosas siempre que se acate su voluntad, de cuanto te dará o amara si haces lo que dice. Los que prometen el cielo. Hacen promesas a cambio de conseguir lo que quieren. Sus expresiones típicas son “Si haces esto te compraré o te llevaré....” Hasta que no lo consiguen no paran de hacer promesas, que jamás llevan a cabo. Sus víctimas se vuelven desconfiadas y su autoestima tiende a disminuir.

Los síntomas del chantaje emocional: 1. EXIGENCIA: Hay ocasiones en que los chantajistas no expresan con tanta claridad o que quieren, sino que tratan de que el otro lo adivine. A primera vista, la sugerencia parece nacida de un profundo amor y no tiene las connotaciones de una demanda. Pero pronto resulta evidente que está decidido a obtener lo que quiere y que no piensa discutir el tema o cambiar de idea. 2. RESISTENCIA: Si fuera una persona menos franca y directa, su oposición podría llegar a expresarse de otra manera. Quizás se distanciara mostrándose menos afectuosa,. Por el contrario, expresa su resistencia sin ambigüedades y el mensaje queda claro. La respuesta es "no". 3. PRESION: Cuando se da cuenta de que no reacciona como él quiere, no hace el menor esfuerzo por entender los sentimientos él/ella sino que, por el contrario, la presiona para que cambie de idea. Al principio actúa como si estuviera dispuesto a discutir el tema, pero esa discusión se convierte en un monólogo que tiene el tono de un sermón. Transforma la afirmación en una exposición de fallas él/ella y plantea sus propios deseos y exigencias como algo sumamente positivo. "Solo quiero lo mejor para los dos. Quiero darte más cosas. Cuando dos personas se aman, deberían desear compartir su vida cotidiana. ¿O es que no quieres compartir tu vida conmigo? Si no fueras tan egocéntrica, podrías abrirte más a las cosas buenas de la vida". De inmediato pasa a una actitud más seductora y pregunta: "¡Es que ya no me amas lo suficiente como para tenerme siempre a tu lado?. Otro chantajista podría incrementar la presión insistiendo con vehemencia en que, al vivir juntos, el vínculo entre ambos se estrechará y la relación mejorará aún. Sea cual fuere el estilo utilizado, la presión termina por aparecer, por más que se la disfrace con expresiones benévolas tales como, por ejemplo, las de manifestar cuánto le duele la renuencia de el /ella. 4. AMENAZAS: Al ver que sus deseos chocan contra una pared, si el/ella no cede a su pedido, sufrirá las consecuencias de su negativa. El chantajista puede amenazar con causar dolor o desdicha. Podrá decirnos cuánto lo estamos haciendo sufrir. Podrá tratar de conquistarnos con promesas relativas a todo lo que nos dará o cuánto nos amará si hacemos lo que nos pide. "Si no eres capaz de asumir este tipo de compromiso, después de todo lo que compartimos y significamos el uno para el otro, quizás sea mejor que empecemos a tratar de conocer a ora gente". No amenaza directamente con romper la relación, pero resulta imposible ignorar lo que sus palabras implican. 5. OBEDIENCIA: Él/ella no quiere perder a su pareja se dice a sí misma que tal vez sea un error de su parte decirle que no quiere que vaya a vivir con ella, a pesar de que la idea de una convivencia le sigue resultando incómoda. Ha analizado sus reparos de disuadirla. 6. REITERACION: Al triunfo sigue un período de paz y serenidad. Ahora que ha conseguido lo que quería, aflija la presión y la relación parece estabilizarse. Él /ella sigue incómoda con la situación generada, pero también siente una gran alivio al haberse librado de la presión y recuperado el amor y la aprobación de la pareja. Éste, por su parte, ha comprobado que presionar y hacer que él / ella se sienta culpable es una receta infalible para obtener lo que se le ocurra. Y se ha dado cuenta de que la forma más rápida de cortar con las tácticas de presión es ceder a sus deseos. De esta manera, ha quedado establecida la base para un esquema reiterativo de exigencias, presiones y capitulaciones.

 

La palabra que empieza por miedo, el chantajista emocional construye su estrategia consciente e inconscientemente en base a la información que nosotros le suministramos acerca de lo que nos causa miedo. Observan de qué cosas huimos y qué cosas nos ponen nerviosos, se fijan en cómo reaccionamos físicamente en respuesta a las cosas que sentimos. No es que tomen nota activamente y registren la información para utilizarla luego en contra de nosotros; todos absorbemos ese tipo de conocimientos sobre las personas que nos rodean. En el chantaje emocional. El miedo transforma también al chantajista. De una manera simple, podemos decir que el miedo que siente el chantajista emocional de no obtener lo que desea se vuelve tan intenso, que lo único que atina a hacer es centrar su atención en el resultado deseado, lo cual le imposibilita apartar su mirada del objetivo y percibir de qué manera su forma de actuar nos afecta a nosotros. En esta instancia, toda la información que han recogido sobre nosotros en el transcurso de la relación se convierte en su herramienta para cerrar un trato alimentado por el miedo de las dos partes involucradas, La condiciones que nos ponen están hechas a medida para nosotros: si haces lo que te pido, yo no: “te abandonaré”, “te censuraré”, “dejaré de amarte”,” te gritaré”, “te haré sufrir”, “ me opondré a tu voluntad”, “ te despediré”. Lo único que importa son ellos mismos; todos los chantajistas que hemos visto focalizan su atención casi por completo en sus propias necesidades y la forma en que sus presiones nos afectan a nosotros no les importan en lo más mínimo. Las características que nos hacen vulnerables al chantaje emocional es la excesiva necesidad de aprobación, un profundo miedo al enojo y la ira de quienes nos rodean, una gran necesidad de paz, sea cual fuere su precio, una tendencia a asumir demasiada responsabilidad por la vida de los demás y un alto nivel de inseguridad con respecto a nuestro valor y capacidad.

 

Publicado el 06 de Septiembre de 2011 , por Maria Gladys Quintero Arguello, 1707 visitas


LOS CELOS: COMPRENDERLOS CONOCERLOS Y ASUMIRLOS.

Imagen  de Maria Gladys Quintero Arguello

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La teoría de la propiedad dice que al explicar algo de la actitud ideológica hacia el celoso/a, interfiere a las relaciones entre la propiedad, la posesividad y el apego. La idea de que los celos son una reacción a la transgresión del sentido de la propiedad, está claramente relacionada con las nociones económicas y esta se aplica tanto a los objetos como a las personas. Usamos la propiedad para satisfacer necesidades. Las necesidades son sinónimo de orgullo y vanidad y se convierte en legitimidad de nuestra pretensión de reconocimiento público; el orgullo es un reconocimiento. Legitimidad ganado por lo que poseemos; la vanidad se basa en el mero y crudo hecho de la posesión. En primera instancia resulta difícil que cualquiera pueda relacionar reconocimiento por “poseer” a una persona.

 

Como vencerlos cuando consideramos una actitud de la sociedad para con el celoso/a, porque hay celos que merecen una simpatía y otros son ridiculizados, mediremos la legitimidad o la ilegitimidad de la pretensión del reconocimiento conectado con nuestras asociaciones personales. Estas actitudes no son necesariamente racionales o atractivas pero son coercitivas y reales, y se señala que la que hace tan precaria la posesión de una persona es el hecho de que la persona que poseemos controla el efecto que buscamos y cuanto mas profundamente cuidemos de esa propiedad, más vulnerables nos volvemos. Es como si fuéramos coleccionistas en un mundo donde cada conocedor puede guardar solo un objeto artístico, la calidad de la pieza que uno selecciona representa una medida del propio valor como coleccionista. Pero que pasa si el objeto de arte con el uno tiene tanto éxito es capaz no solo de elección sino también de cambios en su referencia por los coleccionistas? No es difícil ver porque las elecciones iniciales pueden ser tentativas y los coleccionistas y los objetos coleccionados se inclinan a hacer pactos y contratos para estabilizar el camino. Este análisis hace hincapié en el aspecto público de apego y pérdida. Cuando la gente se refiere despectivamente a los celos a menudo ello se debe a su propósito de caricaturizar el efecto y el apego como mera vanidad y exhibición externa de la posesión. La descripción cuando se ve a su chica con otro: piensa “la hubiera matado”, el lenguaje es de la posesión, pero el sentimiento se refiere a la destrucción de una imagen sobre un mundo que había construido y compartido para impresionar a una tercera persona. No es sensato llamar posesividad frustrada, el problema es que los mundos privados compartidos no son fáciles de despreciar. 

 

Desde la  Psicología  decimos que los celos son un proceso de desintegración y análisis similar al de amar, es probable que las variedades de los celos reflejen la diversidad del amor. Así como el amor implica pasión, intimidad y compromiso. Los celos pueden implicar cólera y daño, alienación y pérdida, indignación y ofensiva. La intensidad, la simetría y el capullo del amor al revisarlos las propiedades del amor que se liberan ser relevantes para los celos, difícilmente haga falta mencionar la intensidad; L’amaur puede ser faible o fou, débil o loco. También puede ser equilibrado a no; la pareja puede quedar encapsulada apartada del resto del mundo, parejas insensibles, que comparten la cama pero los mundos internos de sus amantes. El amor celoso como un sentimiento con deficiencias exponiendo un amor sano, que da a un amor insano que toma e incluso podemos observar la diferencia entre la conducta del pretendiente celoso y la del pretendiente fervoroso; el fervoroso estudia rostro de su amante para saber si goza, busca regalos especiales para complacerla, trata de suscitar su interés, de cumplir sus menores deseos, toda conducta es positiva, constructiva y  esta  dirigida a un objetivo. En cambio el celoso mira el rostro de la persona amada solo para leer en el indicio de que es desechado, o de que su rival ha triunfado. La vida no puede fundarse en el miedo, la prohibición y la mutua interferencia de la libertad. No hay duda que los celos mutuos aun cuando haya fidelidad sexual generan más infortunio en el matrimonio que si hubiera más confianza es la fuerza última de un afecto profundo y permanente.

 

Las variaciones de los celos: 1. La pérdida del control: establecida genera cólera celosa que se convierte en violencia, la pareja es infiel de un modo superficial y ocasional esto coloca al celoso en una postura de superioridad respecto del potencial rival, sugiriendo que él /ella no llegaría a ser amante sin su ayuda, marca al rival como alguien que ha sido manipulado y que actúa en equipo. 2. El perjuicio de la propia imagen: los celos manifiesta hostilidad hacia el intruso, son una conducta inaceptable, el termino celos de modo relativamente indiferenciado, de modo que incluye humillación, frustración y hostilidad. Esta función no carece de sentido, dado que la destrucción de una imagen romántica interna, la hostilidad al intruso y el daño por la pérdida de imagen pública, constituyen una amalgama. No se puede hacer una destrucción de la imagen privada y la publica dado que la imagen privada se refiere también a las relaciones sociales. 3. Reciprocidad y entrega: Si el proceso de enamoramiento es social, o si es una mezcla de lo social con lo biológico, es otro por clarificar, son necesarios dos procesos dentro de cada uno de los miembros de la pareja para formarla; la otra persona tiene que gustarnos y tenemos que querer gustarle, sin procesos separados pero complementarios normales y necesarios. El dar tiene una doble dimensión, podemos concebirlo como falta de egoísmo, como generosidad, pero la indagación nos hace conscientes de que el acto de dar esta al receptor a una red de obligaciones. Cualquier cosa que demos objetos, cumplidos, consejos, altura el equilibrio de la relación de modo significativo, es por eso que a menudo nos tomamos el trabajo de rechazar lo que se nos da.

 

Las clases de celos mas comunes: 1. Celos sintomáticos y miedo: “el daño” nos da un resultado simplemente con la gravedad de la herida, el dolor interpretado como procesos de desastres erróneamente considerados físicos es psicológicamente más dañinos que el vinculo a heridas especificas. El dolor que acarrea una amenaza se denomina dolor sintomático. El celo sintomático es el miedo a perder el control, la reputación, la fachada, el miedo del despojamiento emocional; no es el incidente mismo, sino lo que el presagia, lo que genera lo principal del trastorno. Uno actúa siempre en condiciones de incertidumbre, cuando se trata de problemas emocionales y la gravedad de un episodio de celos se funda en parte en una evolución del futuro. “Si va a hacer algo serio, no va a ser con una persona como ella”, no debería importarme; es muy frívola. A veces el posible futuro de una relación nueva ha sido hablado por los mismos miembros de la pareja y la “prognosis” no está basada simplemente en la conjetura. Los pactos no están motivados solamente en limites, fracasos reales, sino en llevar los celos sintomáticos al mínimo, es dar, eliminar parcialmente la amenaza a partir de accidentes inocuos. La serie de reacciones importantes que fueron reiterativamente la cólera y la hostilidad, el resentimiento, la desvalorización de la pareja, la melancolía y el martirio, el sentimiento de alineación y por ultimo un auto prolongado autoaislamiento y empezamos con las reacciones agresivas. 2. Cólera y hostilidad: a veces la noción de histeria es imposible de contener, la falta de control racional, después cuando pasado más penoso es la conducta, estar violentamente descontrolado, se siente culpable, lo encuentro destructivo irracional. 3. El resentimiento: se surge una evaluación de la situación que da lugar a la reacción celosa inicial, tratar estas reacciones supone una experiencia de shock seguido a un proceso de resentimiento y orgullo herido etc; los sentimientos pueden desarrollarse antes de cualquier episodio de celos y suelen centrarse en un importante problema de equidad interpersonal, que son la base de las relaciones emocionales complejas que experimentamos; se centra una inversión de esfuerzo o desentierra oportunidades románticas, pérdidas reales o imaginaciones, o es provocado por la ruptura de un pacto implícito en cuanto a las relaciones con el exterior “Estas actuando como yo, no actuó” es una queja frecuente.

 

Una de las razones por las que los celos sexuales son intransigentes es porque convergen con reacciones ajenas a la sexualidad, incluso a la intimidad, salvo en sus efectos. Los celos pueden venir tener confidentes con otras ofensas que hay casos en que es difícil saber cómo desarrollarlas. 4. La libertad del tercero: a los dos desde el momento de verse conocido se convierten en amantes, señala que un pacto de ese tipo no solo un acuerdo entre dos personas que limita cierta medida su libertad sexual, sino la usurpación sexual de la libertad de la gente con quien esa pareja entable relaciones. Esas relaciones siguen siendo en cierto sentido los “empapelados” el desarrollo no puede crecer, que él fuera a concluir con su relación en “diplomacia oscilante”. 5. Honestidad y descubrimiento: el pacto entre dos está apoyado en tres pies que son la fidelidad, la variedad y la honestidad o más precisamente el descubrimiento. En la plenitud de la vida no solamente nunca nos sentiríamos uno a otro, sino que ninguno de los dos le ocultaría nada al otro; celos llevados al límite del aburrimiento, un modo insuficientemente de cumplir el pacto y no informar voluntariamente o postergar la relación hasta el momento que se cree oportuno. Claro que el otro puede ser honesto, diplomático o tenazmente curioso, o pueden mentir estas distintas conductas según los momentos. 6. Honestidad Retrospectivamente: la gente puede ser tan celosa del pasado como el presente y se presenta el problema de si hay de ser honesto o descubridor respecto al pasado la respuesta depende, sería absurdo seguir que un enamorado tiene un derecho absoluto a conocer. También cabe cuestionarse si le hacemos un favor a alguien informándole. A veces hay razones programáticas “para hacerlo mejor que lo sepa por mi y no por otro modo”. 7. Arreglos: Un caso utópico, es su actividad sexual estaba regulada por un sistema de calendario que rigen los sueños y por restricciones estrictas a las expresiones públicas de la intimidad. ¿Cuál es el objetivo del sexo? Ya sabemos que es la desaparición una tensión psíquica, una descarga. ¿Cuál es el objetivo del deseo que llamamos amor? la desaparición de una tensión psíquica, un alivio. En esta contradicción entre descarga y alivio reside una de las diferencias más decisivas; la urgencia sexual busca placeres sensuales, el amor busca goce y felicidad. El proceso del enamoramiento o apasionamiento como el mecanismo para resolver una paradoja que supone una atracción fuerte, un rápido colapso de la timidez, una idealización y una fuente de intensa preocupación por la persona amada. Estos procesos son de hechos más dramáticos e intensos cuando el objeto de amor es un extraño.

 

 

Publicado el 19 de Agosto de 2011 , por Maria Gladys Quintero Arguello, 1992 visitas


SANAR EL CUERPO EMOCIONAL " Psicoterapia II ".

Imagen  de Maria Gladys Quintero Arguello

Labiosperfectos

Cuando estamos dispuestos a ver con los ojos de la verdad, destapamos algunas mentiras y abrimos las heridas. Por lo tanto una vez abiertas, las limpiaremos para eliminar todo el veneno. Pero ¿cómo lo haremos? El mismo maestro nos dio la solución: EL PERDON; el único medio para limpiar las heridas y desprendernos del veneno es el perdón. Debes perdonar a quienes te hirieron, aunque, en tu mente, todo lo que te hicieron resulte imperdonable. Los perdonaras no porque merezcan tu perdón, sino porque no quieres sufrir y causarte más dolor a ti mismo cada vez que recuerdes lo que te hicieron. No importa lo que otras personas te hiciesen, las perdonaras porque no quieres sentirte permanentemente enfermo. El perdón es necesario para sanar tu mente. Perdonaras porque sentirás compasión de ti mismo. El perdón es un acto de amor hacia uno mismo. El único medio para sanar tus heridas es a través del perdón. Tienes que perdonar la injusticia que se cometió contigo. Ahora bien, solo sabrás que has perdonado a alguien cuando lo veas y ya no experimentes ninguna reacción emocional. Por lo tanto, cuando seas capaz de tocar una herida emocional y ya no sientas dolor, entonces sabrás que verdaderamente has perdonado. Evidentemente, en ese lugar te quedara una cicatriz, del mismo modo que te queda en la piel. Recordaras lo que sucedió, como eras antes, pero una vez que las heridas se hayan curado, dejara de doler para siempre.

 

Tal vez pienses: De acuerdo, es fácil decir que debemos perdonar; lo he intentado, pero no soy capaz de hacerlo. Tienes muchas razones, muchas justificaciones por las cuales no puedes perdonar. Pero no es verdad. La verdad es que no puedes perdonar porque aprendiste a no hacerlo, porque eso es lo que practicaste, porque llegaste a ser un maestro de la falta de perdón. Antes de habernos contagiado de la enfermedad mental, perdonar nos resulta fácil y normal. Acostumbrábamos a perdonar a los demás de una manera casi instantánea. No tenemos que aprender a perdonar porque ya nacemos con la capacidad de hacerlo. Pero adivinas que nos ha ocurrido? Pues que hemos aprendido y practicado la conducta opuesta, y ahora nos resulta muy difícil perdonar. Cuando una persona nos hace algo, ya esta, nos olvidamos de ella, queda expulsada de nuestra vida. Convertimos el asunto en una guerra de orgullo. ¿Por qué? Pues porque nuestra importancia personal crece cuando no perdonamos. Al decir: “Haga lo que haga no la perdonare” . Lo que hizo fue imperdonable, nuestra opinión parece cobrar importancia. El verdadero problema reside en el orgullo, a causa del orgullo y del honor, añadimos más leña al fuego de la injusticia a fin de que nos recuerde que no podemos perdonar. Pero ¿ adivinas quien es el que va a sufrir y a cumular mas veneno emocional?. Pues nosotros mismos, ya que sufriremos por las cosas que hagan las personas que nos rodean, aun cuando no tengan ninguna relación con nuestra persona. También aprenderemos a sufrir con el único propósito de castigar a la persona que nos maltrato. Nos comportamos como niños y para llamar la atención; Me hiero a mi mismo solo para decir: “Mira lo que estoy haciendo por tu culpa”. En muchas ocasiones no sabemos por qué estamos tan disgustados con nuestra pareja; estamos disgustados y si, por alguna razón, la otra persona nos pide que la perdonemos nos echamos a llorar de inmediato y decimos: Oh no, perdóname tú a mí. Empieza a trabajar el perdón, empieza a practicar el perdón. Al principio cuesta, pero después se convertirá en un habito. El único medio de recuperar el perdón es volver a practicarlo, practica incansablemente hasta que, al final puedas comprobar si eres capaz de perdonarte a ti mismo, en un momento determinado, descubres que tienes que perdonarte a ti mismo creaste en tu propio sueño. Cuando te perdonas a ti mismo empiezas a aceptarte y entonces, el amor por tu persona crece. Ese es el perdón supremo: perdonarte a ti mismo. Lleva a cabo un acto de poder y perdónate a ti mismo por todo lo que has hecho en tu vida. Y si crees en las vidas anteriores, perdona todas las cosas que crees haber hecho en tus vidas pasadas. El concepto del karma es verdadero solo porque creemos que lo es. Debido a nuestras creencias sobre la bondad o la maldad, nos sentimos avergonzados por lo que creemos es malo; nos declaramos culpables, pensamos que nos merecemos un castigo y nos castigamos a nosotros mismos, y solo por creerlo así se convierte en algo real para ti. Creas el karma y tienes que pagar por él. Así de poderoso eres. Romper un karma es fácil, lo único que tiene que hacer es abandonar esa creencia negándose a creer en ella y de este modo, harás que desaparezca. El perdón es el único medio para limpiar las heridas emocionales, cuando perdonas, la vida se convierte en algo fácil. El perdón es el único medio para sanar las heridas.

 

Una vez que hayamos limpiado las heridas, utilizaremos una poderosa medicina para acelerar el proceso de CURACION. Por su puesto, esta medicina también nos la ha dado el mismo gran maestro, y es el AMOR. El amor es la medicina que acelera el proceso de curación, no existe otra medicina que el amor incondicional. No se trata de “te amo si…” o “me amo a mi mismo si…”. Sin condiciones ni justificaciones ni explicaciones. Se trata solo de amar. Amate a ti mismo, ama a tus amigos. Es de sentido común, pero no seremos capaces de amar a los demás hasta que no nos amemos a nosotros mismos. Y esa es precisamente la razón por la que debemos empezar a hacerlo. Hay varias maneras distintas de expresar tu felicidad, pero solo una de ser realmente feliz, y esa manera consiste en amar, no existe otra. No es posible ser feliz si no te amas a ti mismo. Es un hecho, si no te amas a ti mismo no tienes ninguna posibilidad de ser feliz. No se puede compartir lo que no se tiene, si no te amas a ti mismo, tampoco puedes amar a nadie, aun así, sientes la necesidad de amor, y si hay alguien que te necesita, dirás que eso es amor; eso es lo que los seres humanos llamamos amor. Pero no es amor, No es más que un acto de posesión, de egoísmo, y de control que no conoce el respeto. No te mientas a ti mismo; eso no es amor. Solo es posible ser feliz cuando el amor emana de ti, cuando sientes un amor incondicional por ti mismo y te entregas por completo a ese amor. Cuando actúas de este modo, dejas de resistirte a la vida; dejas de rechazarte a ti mismo. Ya no cargas con todos esos reproches y ese sentimiento de culpabilidad. Sencillamente aceptas quien eres y a todas las personas tal como son. Tienes derecho a amar, a sonreír, a ser feliz, a compartir tu amor ya no tener miedo de recibirlo. Lacuración se fundamenta en tres puntos muy sencillos: la verdad, el perdón y el amor hacia uno mismo. Estos tres puntos clave para sanar la mente, nos fueron brindados por Jesús. La curación de los seres humanos fue un hecho; vieron que la enfermedad residía en la mente humana y utilizaron estos tres métodos: la verdad, el perdón y el amor hacia uno mismo. Si somos capaces de ver nuestro estado mental como una enfermedad, descubriremos que existe una verdadera curación. No es necesario que suframos mas, así somos conscientes de nuestra mente está enferma, que nuestro cuerpo emocional esta herido, también seremos capaces de sanar. Elegimos amar, sea cual sea el nombre que le des al nuevo sueño, sigue siendo un sueño tan real o tan falso como el sueño del infierno. Pero ahora eliges el sueño en el que tú quieres vivir. Ahora tienes en tus manos las herramientas necesarias para sanarte. La cuestión es ¿qué vas a hacer con ellas?

 

 

 

 

Publicado el 04 de Agosto de 2011 , por Maria Gladys Quintero Arguello, 1564 visitas


SANAR EL CUERPO EMOCIONAL “ Psicoterapia I ”.

Imagen  de Maria Gladys Quintero Arguello

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Pues bien para sanar el cuerpo emocional procederemos del mismo modo. Abrir y limpiar las heridas, aplicar algún medicamento y mantenerlas limpias hasta que se curen. Pero como las abriremos? Utilizando la verdad como si se tratara de un escalpelo. “Y conocerás la verdad y la verdad te hará libre”. La verdad produce dolor al abrir las heridas y descubrir todas mentiras. Las heridas de nuestro cuerpo emocional están cubiertas por el sistema de negación, el sistema de mentiras que hemos creado a fin de protegerlas. Ahora bien, solo cuando miremos nuestras heridas con los ojos de la verdad, seremos finalmente capaces de sanarlas. Empieza a sanar la verdad contigo mismo, comienzas a ver las cosas como son y no como quieres que sean. Muchas veces existen situaciones que no buscaste tu, no se trataba de algo personal, por la razón que fuera te ocurrió a ti, igual que podría haberle ocurrido a cualquier persona. Pero vas a condenarte a sufrir el resto de tu vida por el hecho? Tu eres la víctima, y si te juzgas a ti misma/o y te declaras culpable. ¿Cuántos años te castigaras a ti misma/o sin disfrutar de una de las cosas más maravillosas del mundo; ¿Por qué tienes que sufrir el resto de la vida por algo que tu no hiciste? Entonces es el primer paso cuando se utiliza la verdad como si fuese un escalpelo: descubres que en este mismo momento, la injusticia que origino la herida ya no es verdad. Quizá descubras que, lo que creíste que te había herido tan profundamente, nunca fue verdad. Y aun en el caso de que si lo fuese, eso no significa que ahora lo continúe siendo. Cuando utilizas la verdad, abres la herida y ves la injusticia desde una perspectiva. En este mundo, la verdad es relativa; cambia sin cesar porque vivimos en un mundo de ilusiones. Lo que es verdad en este mismo instante no tiene por qué serlo más adelante. Y después, podría volver a serlo. Nuestro sistema de negación es tan fuerte y poderoso que se convierte en algo muy complicado. Hay verdades que están ahí para tapar mentiras y a la vez, también hay mentiras que tapan la verdad. La verdad se revela poco a poco hasta que, al final, abres los ojos y descubres que todas las personas que te rodean, incluido tu mismo, mienten constantemente. La ilusión, casi todas las cosas son mentira. Esa es la razón por la que les pido que pongan en práctica las tres reglas para descubrir la verdad. 

 

La primera regla: No me creas. No tienes que creerme, sino pensar y hacer elecciones. Cuando te digo algo, cree en lo que tú quieras creer, pero solo si tiene sentido para ti, y si te hace feliz. Si te conduce hacia tu despertar, entonces haz esa elección y cree en ella. Soy responsable de lo que digo, pero no soy responsable de lo que tu comprendas; vivimos en un sueño completamente diferente, aunque lo que yo diga sea absolutamente cierto para mí, no significa que tenga que serlo para ti.

 

La segunda regla: No te creas a ti mismo. No te creas todas las mentiras que te dices; todas esas mentiras que tu nunca escogiste, pero que fuiste programado para creer. No te creas a ti mismo cuando te dices que no eres lo bastante bueno ni lo bastante fuerte ni lo bastante inteligente. No te creas tus propias limitaciones y dificultades. No te creas que no eres digno/a de amor o de felicidad. No te creas que no eres bello/a. No te creas ninguna cosa que te haga sufrir. No creas en tu desdicha; No creas en tu propio juez o en tu propia víctima. No te creas la voz interior que te dice que eres un estúpido; que te dice que te suicides. No te creas porque no es verdad. Abre tus oídos, abre tu corazón y escucha. Cuando oigas que tu corazón te conduce hacia la felicidad, entonces haz una elección y mantenla. Pero no te creas a ti mismo solo porque es algo que estas acostumbrado a decir, ´porque más del 80% de las cosas que crees se basan en la mentira, no son verdad. 

 

La tercera regla: No creas a Nadie. No creas a otras personas porque todas mienten constantemente. Cuando hayas curado tus heridas emocionales y no sientas la necesidad de creer en otras personas solo para ser aceptado, lo veras todo más claro. Veras si es negro o blanco, si es o no es. Lo que ahora mismo es, quizá no lo sea dentro de unos pocos instantes. Lo que ahora no está bien quizá lo esté dentro de unos momentos. Todo cambia muy rápido pero, si eres consciente, podrás ver como acontece. No creas a los demás porque utilizaran tu propia estupidez para manipular tu mente. Solo el sentido común será capaz de conducirte hacia tu propia felicidad, tu propia creación. No creas en mí, no creas en ti y no creas en nadie más. Cuando no crees, todo lo que no es verdad desaparece como por arte de magia en este mundo de ilusión. Todo es lo que es. No necesitas justificar lo que es verdad, no tiene que dar explicaciones. Lo que es verdad no necesita apoyo de nadie. Tus mentiras necesitan de tu apoyo. Necesitas crear una mentira que sostenga la primera mentira, después otra que sostenga la última y otra para sostener todas las mentiras juntas. Y así, al final creas una gran estructura de mentiras, y cuando aparece la verdad, todo se desmorona. Pero es así. No es necesario que te sientas culpable por decir mentiras. La mayoría de las mentiras en las que creemos, sencillamente se disiparan cuando dejemos de creer en ellas. Todo lo que no sea verdad no sobrevivirá al escepticismo; ahora bien la verdad sobrevivirá. Lo que es verdad es cierto, lo creas o no creas. Ahora que somos adultos tenemos el poder de hacer una elección. Podemos creer o no creer. Aunque algo no sea verdad, si decidimos creer en ello, lo creeremos porque esa será nuestra voluntad. Puedes escoger como quieres vivir tu vida; y si eres sincero contigo mismo, sabrás que siempre tendrás la libertad de hacer nuevas elecciones.

 

 Sigue la siguiente publicación. Psicoterapia II.

 

 

Publicado el 04 de Agosto de 2011 , por Maria Gladys Quintero Arguello, 1408 visitas


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