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MUJERES EXTRAORDINARIAS

MARIE CURIE ES RECORDADA POR GOOGLE CON UN DOODLE

Imagen  de Alicia  Bressán Serrano

http://www.lagaceta.com.ar/nota/463903/Tucumanos/Marie-Curie-recordada-Google-doodle.html

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MOUNTAIN VIEW, Estados Unidos.- A 144 años de su nacimiento, el buscador Google recuerda con un doodle a Marie Curie, científica francesa que dedicó su vida al estudio de la radiación y que, gracias a su trabajo, salvó millones de vidas.

 

 

Nacida el 7 de noviembre de 1967 en Varsovia, Polonia, Marie Salomea Sk?odowska Curie desde muy pequeña estuvo interesada en la química y las matemáticas,

 

 

 

tendencia que se acentuaría luego de la muerte de su hermana, de tifus, y de su madre, por tuberculosis. Esto la alejó de la fe cristiana y se volvió agnóstica, para dedicarse al estudio de las ciencias.

 

 

Después de vivir una infancia con tropas rusas invadiendo su país, en 1891 se inscribió en la Facultad de Ciencias Matemáticas y Naturales de la Universidad de la Sorbona, en París.

 

 

Radicada en el país galo, contrajo enlace con el físico Pierre Curié y adoptó la nacionalidad francesa. Fue madre de Irène Joliot-Curie, quién también obtuvo un premio Nobel junto a su marido, por trabajos en la síntesis de nuevos elementos radiactivos.

 

 

En el marco de la Primera Guerra Mundial, Marie estableció el uso de la radiografía móvil para tratar a los soldados heridos, ayudando a salvar una gran cantidad de vidas. Pero la constante exposición a las radiaciones deterioraron su salud hasta que, finalmente, falleció el 4 de julio de 1934. A 144 años de su nacimiento, Google recuerda y destaca su inmenso aporte la humanidad. (Especial).

 



 

Publicado el 07 de Noviembre de 2011 , por Alicia Bressán Serrano, 185 visitas


MARIE CURIE, LA PRIMERA MUJER EN GANAR EL NOBEL

Imagen  de Alicia  Bressán Serrano

MARIA CURIE,    LA PRIMERA MUJER EN GANAR EL NOBEL

FUENTE: MUY INTERESANTE

http://www.muyinteresante.es/marie-curie-la-primera-mujer-en-ganar-el-nobel

 

Curie

En 2011 se celebra el Año Internacional de la Química, coincidiendo con el centenario de la concesión del Nobel de Química a Marie Curie. Esta es su historia.

 

 

La vida de Marie Curie fue pura lucha. Tuvo que superar infinitos obstáculos para dedicarse a la ciencia, dado que en su país, Polonia, las mujeres no podían ir a la universidad. Pasó hambre y frío, y arriesgó su salud con tal de no renunciar a su pasión investigadora. Y pudiendo hacerse rica con sus descubrimientos, se negó a patentar el proceso de aislamiento del radio dejándolo a disposición de la comunidad científica. Con todo, puede decirse que cumplió su sueño: fue la primera mujer que llegó a catedrática en la Universidad de París y la primera en ganar el Nobel, compartido con su marido Pierre Curie, por sus investigaciones sobre los elementos radiactivos.

 

 

Su nombre de familia era Maria Sklodowska. Nació en Varsovia, hija de un profesor de física y una maestra que murió cuando ella tenía 11 años. Desde niña fue una alumna brillante, con una excepcional capacidad de concentración, y a los 24 años se marchó a París a desarrollar una carrera científica, donde sobrevivió con los ahorros de haber trabajado como institutriz en Varsovia, la escasa ayuda que le enviaba su padre y el apoyo de su hermana mayor, Bronia, que vivía en la capital francesa. En 1893 acabó Física en la Sorbona con el número uno de su promoción y un año después conoció a Pierre Curie, otro científico vocacional con el que se casó en 1895. Pasaron la luna de miel recorriendo Francia en bicicleta.

 

 

Los Curie se instalaron en un apartamento de la rue de la Glacière, donde vivieron austeramente dedicados de lleno a su trabajo. Tuvieron dos hijas, Iréne y Eve, cuyo cuidado tuvo que compaginar Marie con el laboratorio; en eso también fue pionera. Como investigadora, estaba interesada en los nuevos tipos de radiación descubiertos por Roentgen y Becquerel. Utilizando las técnicas piezoeléctricas inventadas por su marido, Marie midió las radiaciones de uranio en la pechblenda, un mineral rico en dicho elemento. Cuando vio que las radiaciones del mineral eran más intensas que las del propio uranio, se dio cuenta de que tenía que haber elementos desconocidos aún más “radiactivos” –término que ella inventó–.

 

Pierre, que seguía con pasión el progreso de los experimentos de su mujer, abandonó su propio trabajo sobre magnetismo para ayudarla. En 1898, el matrimonio anunció el hallazgo de dos nuevos elementos: el polonio y el radio, aunque aún tuvieron que pasar cuatro años trabajando en condiciones precarias para demostrar su existencia. Finalmente, a base de tratar una tonelada de pechblenda, lograron aislar una fracción de un gramo de radio y en 1903 compartieron con Becquerel el Nobel de Física, con cuyas ganancias instalaron un baño nuevo en su casa.

 

 

Pronto llegaron la fama y los reconocimientos. En 1904, Pierre Curie fue nombrado catedrático de física en la Universidad de París, y en 1905, miembro de la Academia Francesa, cargos nunca ocupados por mujeres, por lo cual Marie no obtuvo el mismo trato pese a que el principal mérito de los logros comunes era suyo.

 

 

Aun así, las cosas les fueron bien hasta que en 1906, Pierre murió atropellado por un coche de caballos. Marie continuó con su trabajo y heredó la cátedra en la Sorbona que había ocupado su marido, la cual compaginó con sus investigaciones sobre el radio y sus compuestos, que le llevaron a ganar el Nobel de Química en 1911. Luego fue nombrada directora del Instituto del Radio de París. En 1921 viajó a EE UU, donde fue recibida como una verdadera figura. Murió de leucemia en 1934.

 





Marie Curie, diez veces Nº1

ESPECIAL PREMIOS NOBEL 2010

 



 

 

 

 

 

Publicado el 08 de Octubre de 2011 , por Alicia Bressán Serrano, 342 visitas


PREMIO NOBEL DE LA PAZ A TRES DEFENSORAS DE LOS DERECHOS DE LA MUJER

Imagen  de Alicia  Bressán Serrano

PREMIO NOBEL DE LA PAZ A TRES DEFENSORAS DE LOS DERECHOS DE LA MUJER

FUENTE: MUY INTERESAN TE

http://www.muyinteresante.es/premio-nobel-de-la-paz-a-tres-defensoras-de-los-derechos-de-la-mujer

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La presidenta liberiana, Ellen Johnson-Sirleaf, la activista liberiana Leymah Gbowee y la activista yemení Tawakkul Karman han sido galardonadas con el Premio Nobel de la Paz 2011 por su "lucha no violenta en favor de la seguridad y el derecho de las mujeres a participar plenamente en la construcción de la paz", según informó el Comité Nobel del Parlamento noruego.

 

"No se puede alcanzar la democracia y una paz perdurable en el mundo a menos que las mujeres obtengan las mismas oportunidades que los hombres a la hora de influir en el desarrollo a todos los niveles de la sociedad", indicó el Comité noruego en un comunicado.

 

 

Según ha destacado la Academia sueca, Ellen Johnson-Sirleaf es la primera mujer elegida democráticamente para la Presidencia en la historia de África, y desde su investidura en 2006, ha contribuido a garantizar la paz en Liberia, a promover el desarrollo económico y social y a reforzar la posición de las mujeres.

 

 

Por su parte, "Leymah Gbowee movilizó y organizó a las mujeres de todas los grupos étnicos y religiosos a fin de garantizar la participación de la mujer en las elecciones", añade el comunicado. En cuanto a la tercera galardonada, el Comité declaró que, "en las circunstancias más difíciles, tanto antes como durante la 'Primavera Árabe', Tawakkul Karman jugó un papel destacado en la lucha por los derechos de las mujeres y por la democracia y la paz en Yemen".

 

 

El Premio de Literatura, que se concedió ayer jueves, fue a parar a manos del poeta sueco Tomas Tranströmer porque, según la Academia , “da un acceso fresco a la realidad a través de sus translúcidas y concentradas imágenes”.

 

 

 

 

 

 

 

Publicado el 08 de Octubre de 2011 , por Alicia Bressán Serrano, 66 visitas


CHABUCA GRANDA, LA PERUANA DEL SIGLO XX.

Imagen  de Alicia  Bressán Serrano

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María Isabel, Isabela, Chabela, Chabuca. Cha-bu-ca: la punta de la lengua casi ni se mueve en aquellos tres pasos que supone pronunciar tu nombre. Chabuca fue en su vida luz de vida y su obra fuego de sus entrañas. Chabuca, Chabuca de Lima, Chabuca del Perú no tuvo precursoras, aquella mujer nacida en 03 de septiembre de 1920 a 4,800 metros sobre el nivel del mar fue pionera, tradición y revolución al mismo tiempo.

María Isabel Granda Larco -Chabuca- nació, como no podía ser de otra manera, en medio de minas de oro, en las Cotabambas auríferas de Apurímac, en la sierra del Perú. Chabuca fue la segunda hija de un gran amor de años entre Eduardo e Isabel, sus padres, quienes decidieron trabajar y vivir más cerca del cielo. En ese escenario, de piedra y oro, dieron vida a la peruana del siglo XX, a la mejor de nuestras poetas, a la mejor gema extraída de esta tierra.

En el mosaico Perú, Chabuca es una de sus piezas más grandes. Su aporte a la literatura, música y cultura peruana es inconmensurable, tanto así que muchos aún no somos muy conscientes de ello. Su origen andino y criollo dio por zanjada, varios años atrás, ridículas distinciones entre peruanos. Andina y costeña, Chabuca Granda le rindió con su obra constante homenaje a la peruanidad. Contaba ella siempre que su infancia estuvo marcada por la diversidad y por el amor a la tierra. A diferencia de su hermano, fallecido a los pocos meses de nacido, a ella sus padres si la vestían con los trajes del ande y nunca le impusieron nada. Orgullosa y valiente en Chabuca la pulsión de su origen fue también su máxima dicha.

Su voz ronca le cantó a la costa, sierra y selva peruanas. Su carrera precoz y también tardía consistió en escribir bellas postales peruanas. En sus canciones habitan los rincones del Perú con sus cerros, surcos, barrancos, ríos, puentes y alamedas. También, en sus letras, reviven los puños de Mauro Mina, la belleza de la mujer negra peruana, los poemas de Heraud, los milagros de San Martín, los gallos, caballos de paso y zaguanes limeños. En su lírica real y enamorada siempre habita el amor y esencia peruanas.

Chabuca Granda, en su corta vida, se dio tiempo también para ser esposa y madre. En medio de una sociedad anticuada y machista se casó, tuvo tres hijos y se separó. Cuando le preguntaban por esta época, Chabuca siempre la eludía, diciendo que lo mejor que le dejaron esos diez años de matrimonio fueron sus tres hijos. Con una gran elipsis, aquellos diez años podrían narrarse en pocos segundos si se tratara de una película. Fue esa época la necesaria etapa previa de una carrera. Muy moderna para los tradicionalistas y muy anticuada para los de vanguardia, la propuesta de Chabuca sin duda era subversiva. El poeta César Calvo, amigo cercano de ella y eterno enamorado de su belleza, contaba que una vez al escuchar a Pablo Milanés, Chabuca le dijo que era eso lo que siempre quiso hacer: canciones en las que la voz varíe de melodía entre estrofa y estrofa. Es aquella característica la que hace que sus composiciones e interpretaciones suenan incluso ahora, modernas. No es trova, ni folclore, lo suyo es celebración y vanguardia en las que el tondero se mezcla con la música negra y la poesía con el vals y la marinera. Canciones como «Un día quizá así», «Sonreía», «Cardo o ceniza» o «Surco» son instantes gloriosos de encuentro, o estaría mejor decir puentes, en la música peruana.

Diosa de la música criolla, admiradora de los Beatles, Milanés y Raúl Porras Barrenechea, estudiosa e impulsadora de la música negra peruana, Chabuca es síntesis y mixtura. Su pose altanera e humilde retrata el momento preciso de un Perú que dejaba de ser para convertirse en otro. Fue la nostalgia del pasado y el respeto al futuro los que guiaron su corta vida. Tanto fue el amor que Chabuca le prodigo al Perú que justamente fue su corazón quien le pidió tempranamente cuentas de tanto sentimiento. En la muerte, ella siempre dijo, habitaba la vida eterna. Y no se equivocó: su muerte lo único que hizo fue permitir que su voz, aquella voz pobre para ella, volara por el mundo esparciendo en cada parte aquel orgullo de sentirse peruano.

El aroma y el sabor de

una Lima que nunca

dejará de ser

El orgullo de Lima tiene nombre propio:

Chabuca Granda. Ella hizo probar al mundo

del aroma y del sabor de una Lima que nunca

dejará de ser.

Le cantó a gallardos chalanes, le dió vida a puentes

contándole sus confidencias de amor, realzó el encanto

de la fina garúa que Lima deja ver en junio y su musa de

inspiración se llamó Victoria Angulo para hilar

la famosa historia de la Flor de la Canela.

 

LA FLOR DE LA CANELA

Déjame que te cuente limeño,

déjame que te diga la gloria,

del ensueño que evoca la memoria

del viejo puente, del río y la alameda.

Déjame que te cuente limeño,

ahora que aún perfuma el recuerdo,

ahora que aún se mece en un sueño

el viejo puente, el río y la alameda.

Coro

Jazmines en el pelo y rosas en la cara,

airosa caminaba la flor de la canela,

derramaba lisura y a su paso dejaba

aromas de mixtura que en el pecho llevaba.

Del puente a la alameda, menudo pie la lleva

por la vereda que se estremece

al ritmo de su cadera,

recogía la risa de la brisa del río

y al viento la lanzaba

del puente a la alameda.

Déjame que te cuente limeño,

¡Ay!, deja que te diga moreno mi pensamiento,

a ver si así despiertas del sueño,

del sueño que entretiene, moreno,

tu sentimiento.

Aspira de la lisura que da la flor de canela,

adornala con jazmines matizando su hermosura,

alfombra de nuevo el puente,

y engalana la alameda,

que el río acompasara su paso por la vereda.

Y recuerda que...

Jazmines en el pelo y rosas en la cara,

airosa caminaba la flor de la canela,

derramaba lisura y a su paso dejaba

aromas de mixtura que en el pecho llevaba.

Del puente a la alameda, menudo pie la lleva

por la vereda que se estremece

al ritmo de su cadera,

recogía la risa de la brisa del río

y al viento la lanzaba

del puente a la alameda.

 

 

Publicado el 03 de Septiembre de 2011 , por Alicia Bressán Serrano, 404 visitas


RITA LEVI-MONTALCINI. ENTREVISTA DEL 19 DE ABRIL DE 2009.

Imagen  de Alicia  Bressán Serrano

CUANDO YA NO PUEDA PENSAR,

QUIERO QUE ME AYUDEN A MORIR CON DIGNIDAD.

 

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Rita Levi-Montalcini, premio Nobel de Medicina, sigue trabajando a punto de cumplir los 100 años- MAURIZIO RICCARDI

El 22 de abril cumple 100 años Rita Levi-Montalcini. La científica italiana, premio Nobel de Medicina, soltera y feminista perpetua -"yo soy mi propio marido", dijo siempre- y senadora vitalicia produce todavía más fascinación cuando se la conoce de cerca. Apenas oye y ve con dificultad, pero no para: investiga, da conferencias, ayuda a los menos favorecidos, y conversa y recuerda con lucidez asombrosa.

 

"Decidí no casarme cuando era adolescente. Nunca habría obedecido a un hombre, como mi madre a mi padre"

Sobrada de carácter, deja ver su coquetería en las preciosas joyas que luce, un brazalete que hizo ella misma para su gemela Paola, el anillo de pedida de su madre, un espléndido broche también diseñado por ella. Desde sus ojos verdes vivísimos, Levi-Montalcini escruta a un reducido grupo de periodistas en la sede de su fundación romana, donde cada tarde impulsa programas de educación para las mujeres africanas.

Por las mañanas visita el European Brain Research Institute, el instituto que creó en Roma, y supervisa los experimentos de "un grupo de estupendas científicas jóvenes, todas mujeres", que siguen aprendiendo cosas sobre la molécula proteica llamada Factor de Crecimiento Nervioso (NGF), que ella descubrió en 1951 y que juega un papel esencial en la multiplicación de las células, y sobre el cerebro, su gran especialidad. "Son todas féminas, sí, y eso demuestra que el talento no tiene sexo. Mujeres y hombres tenemos idéntica capacidad mental", dice.

Con ella está, desde hace 40 años, su mano derecha, Giuseppina Tripodi, con quien acaba de publicar un libro de memorias, La clepsidra de una vida, síntesis de su apasionante historia: su nacimiento en Turín dentro de una familia de origen sefardí, la decisión precoz de estudiar y no casarse para no repetir el modelo de su madre, sometida al "dominio victoriano" del padre; el fascismo y las leyes raciales de Mussolini que le obligaron a huir a Bélgica y a dejar la universidad; sus años de trabajo como zoóloga en Misuri (Estados Unidos), el premio en Estocolmo -"ese asunto que me hizo feliz pero famosa"-, sus lecturas y sus amigos (Kafka, Calvino, el íntimo Primo Levi), hasta llegar al presente.

Sigue viviendo a fondo, come una sola vez al día y duerme tres horas. Su actitud científica y vital sigue siendo de izquierdas. Pura cuestión de raciocinio, explica, porque la culpa de las grandes desdichas de la humanidad la tiene el hemisferio derecho del cerebro. "Es la parte instintiva, la que sirvió para hacer bajar al australopithecus del árbol y salvarle la vida. La tenemos poco desarrollada y es la zona a la que apelan los dictadores para que las masas les sigan. Todas las tragedias se apoyan siempre en ese hemisferio que desconfía del diferente".

Laica y rigurosa, apoya sin rodeos el testamento biológico y la eutanasia. Y no teme a la muerte. "Es lo natural, llegará un día pero no matará lo que hice. Sólo acabará con mi cuerpo". Para su centenario, la profesora no quiere regalos, fiestas ni honores. Ese día dará una conferencia sobre el cerebro.

Pregunta. ¿Cómo es la vida a los cien años?

Respuesta. Estupenda. Sólo oigo con audífono y veo poco, pero el cerebro sigue funcionando. Mejor que nunca. Acumulas experiencias y aprendes a descartar lo que no sirve.

P. ¿Se arrepiente de no haber tenido hijos?

R. No. Era adolescente cuando decidí que nunca me casaría. Nunca habría obedecido a un hombre como mi madre obedecía a mi padre.

P. ¿Recuerda el momento en que decidió estudiar? ¿Qué dijo su padre?

R. Era el periodo victoriano. Mi padre era una persona de gran valor intelectual y moral, pero un victoriano. Desde niña estaba contra eso, porque veía a mi padre dominar todo, y decidí que no quería estar en un segundo plano como mi madre, a la que adoraba. Ella no mandaba. Dije a mi padre que no quería ser ni madre ni esposa, que quería ser científica y dedicarme a los otros, utilizar las poquísimas capacidades que tenía para ayudar a los que necesitaban. Que quería ser médica y ayudar a los que sufrían. Él me dijo: "No lo apruebo pero no puedo impedírtelo".

P. ¿Qué momentos de su vida han sido más emocionantes?

R. El descubrimiento que hice, que hoy es más importante que entonces. Cuando cada experimento confirmaba mi hipótesis, que iba completamente contra los dogmas de ese tiempo, viví momentos emocionantes. Quizás el más emocionante. Por el resto, el reconocimiento de Estocolmo me dio mucho placer, claro, pero fue menos emocionante.

P. Su tesis demostró que, de los dos hemisferios del cerebro, uno está menos desarrollado que el otro.

R. Sí, el cerebro límbico, el hemisferio derecho, no ha tenido un desarrollo somático ni funcional. Y, desgraciadamente, todavía hoy predomina sobre el otro. Todo lo que pasa en las grandes tragedias se debe al hecho de que este cerebro arcaico domina al de la verdadera razón. Por eso debemos estar alerta. Hoy puede ser el fin de la humanidad. En todas las grandes tragedias se camufla la inteligencia y el razonamiento con ese instinto de bajo nivel. Los regímenes totalitarios de Mussolini, Hitler y Stalin convencieron a las poblaciones con ese raciocinio, que es puro instinto y surge en el origen de la vida de los vertebrados, pero que no tiene que ver con el razonamiento. El peligro es que aquello que salvó al australopithecus cuando bajó del árbol siga predominando.

P. En cien años usted ha conocido esos totalitarismos. ¿Cómo se puede evitar que vuelvan?

R. Hay que comenzar en la infancia, con la educación. El comportamiento humano no es genético sino epigenético, el niño de dos o tres años asume el ambiente en el que vive, y también el odio por el diferente y todas esas cosas atroces que han pasado y que pasan todavía.

P. ¿Qué aprendió de sus padres? ¿Qué valores le transmitieron?

R. Lo más importante era comportarse de una manera razonable, saber lo que vale de verdad. Tener un comportamiento riguroso y bueno, pero sin la idea del premio o el castigo. No existía la idea del cielo y el infierno. Éramos religiosos, pero la actitud ante la vida no tenía que ver con la religión. Existía el sentido del deber, pero sin compensación post mortem. Debíamos comportarnos bien, eso era una obligación. Entonces no se hablaba de genética, pero era ese espíritu. Sin premio ni miedo.

P. Su origen es sefardí. ¿Hablaban español en casa?

R. No, nunca tuvimos mucha relación con esa lengua. Sabíamos que veníamos de la parte sefardí y no de la askenazi, pero no se hablaba de ello, no nos importaba mucho ser de una u otra. Spinoza me hacía feliz, era un gran referente cultural, y todo lo que sabíamos procedía de los grandes pensadores hebreos, pero no había un sentido de orgullo, de ser mejores, nunca pensamos así.

P. ¿Basta un siglo para comprender a Italia?

R. Es un país maravilloso, por el clima, por la historia del Renacimiento, y por sus enormes contribuciones, su historia formidable de capacidad y descubrimientos. Me sentí siempre judía e italiana, las dos cosas al 100%. No veía dificultad en eso.

P. ¿Cómo ve a Italia hoy?

R. Tiene un fortísimo capital humano, capacidad innovadora y de convivencia, orgullo del pasado, y no se siente demasiado afectada por las cosas negativas, como la mafia. Siempre sentí que era un país del que era una suerte formar parte y haber nacido. Ser italianos era parte de nosotros, nadie nos preguntaba si éramos italianos o no. También era una suerte ser judía. No conocí la Biblia, no tuve una educación religiosa, y me reflejaba en el capital artístico y moral italiano y judío. No pertenecí a una pequeña minoría perseguida, sabía que eso ocurría, pero no me sentía parte de ello. Desde niña me sentía igual que los demás. Cuando me preguntaban "¿cuál es tu religión?", contestaba: "Yo, librepensadora", y nadie sabía qué era eso. Y tu padre qué es: ingeniero.

P. ¿Cómo vivió el fascismo?

R. No siento rencor personal. Sin las leyes raciales, que determinaron que los judíos éramos una raza inferior, no hubiera tenido que recluirme en mi habitación para trabajar, en Turín y luego en Asti. Pero nunca me sentí inferior.

P. ¿Así que no sintió miedo?

R. Miedo, no; desprecio y odio sí, netamente por Mussolini. A mi profesor Giuseppe Levi lo seguí paso a paso y era feliz por lo que él valientemente osaba hacer y decir. Nunca sentí la persecución porque mis compañeros de universidad católicos me consideraban igual. Y no tuve sensación de peligro. Cuando empezaron las persecuciones, eran tan inmundas las cosas que se decían que no me daba por aludida. Estaba ya licenciada en 1936, había estudiado con Renato Dulbecco, católico, y Salvatore Luria, judío, y no tenía sensación de ser distinta.

P. ¿Cree que hay peligro de que vuelva el fascismo?

R. Sí, en los momentos críticos prevalece más la componente instintiva del cerebro, que se camufla de raciocinio y anima a los jóvenes a razonar como si fueran parte de una raza superior.

P. ¿Ha seguido la polémica sobre el Papa, los preservativos y el sida?

R. No comparto lo que ha dicho.

P. ¿Y qué piensa del poder que tiene la Iglesia? ¿Es demasiado?

R. Sí. Fui la primera mujer admitida en la Academia Pontificia y tuve una buena relación con Pablo VI y con Wojtyla, también con Ratzinger, aunque menos profunda que con Pablo VI, al que estimaba mucho. No la tuve en cambio con aquel considerado el Papa Bueno, Roncalli (Juan XXIII), que para mí no era bueno, porque era muy amigo de Mussolini y cuando comenzaron las leyes antifascistas dijo que había hecho un gran bien a Italia.

P. ¿Ha cambiado mucho su pensamiento a lo largo de la vida?

R. Poco, poco. Siempre pensé que la mujer estaba destruida porque el hombre imponía su poder por la fuerza física y no por la mental. Y con la fuerza física puedes ser maletero, pero no un genio. Lo pienso todavía.

P. ¿Le importó alguna vez la gloria?

R. Para mí, la medicina era la forma de ayudar a los que no tenían la suerte de vivir en una familia de alto nivel cultural como la mía. Esa línea recta no ha cambiado. La actividad científica y la social son la misma cosa. La ayuda a las mujeres africanas y la medicina son lo mismo.

P. ¿El cerebro sigue siendo un misterio?

R. No. Ahora es mucho menos misterioso. El desarrollo de la ciencia es formidable, sabemos cómo funciona desde el lado científico y tecnológico. Su estudio ya no es un privilegio de los expertos en anatomía, fisiología o comportamiento. Los anatomistas no han hecho gran cosa, quitando algunos. Ahora ya no hay barreras. Físicos, matemáticos, informáticos, bioquímicos y biomoleculares, todos aportan cosas nuevas. Y eso abre posibilidades a nuevos descubrimientos cada día. Yo misma, a los 100 años, sigo haciendo descubrimientos que creo importantes sobre el funcionamiento del factor que descubrí hace más de 50 años.

P. ¿Hará fiesta de cumpleaños?

R. No, me gustaría ser olvidada, ésa es mi esperanza. No hay culpa ni mérito en cumplir 100 años. Puedo decir que la vista y el oído han caído, pero el cerebro no. Tengo una capacidad mental quizá superior a la de los 20 años. No ha decaído la capacidad de pensar ni de vivir...

P. Díganos el secreto.

R. La única forma es seguir pensando, desinteresarse de uno mismo y ser indiferente a la muerte, porque la muerte no nos golpea a nosotros sino a nuestro cuerpo, y los mensajes que uno deja persisten. Cuando muera, solo morirá mi pequeñísimo cuerpo.

P. ¿Está preparada?

R. No hace falta. Morir es lógico.

 

P. ¿Cuánto desearía vivir?

R. El tiempo que funcione el cerebro. Cuando por factores químicos pierda la capacidad de pensar, dejaré dicho en mi testamento biológico que quiero ser ayudada a dejar mi vida con dignidad. Puede pasar mañana o pasado mañana. Eso no es importante. Lo importante es vivir con serenidad, y pensar siempre con el hemisferio izquierdo, no con el derecho. Porque ése lleva a la Shoah, a la tragedia y a la miseria. Y puede suponer la extinción de la especie humana.

 

ESTA ENTREVISTA CORRESPONDE AL SUPLEMENTO DOMINGO DEL 19 DE ABRIL DE 2009.

FUENTE: EL PAIS.COM

MIGUEL MORA

 

Publicado el 31 de Agosto de 2011 , por Alicia Bressán Serrano, 113 visitas


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