Andy Warhol está considerado el artista más provocador del siglo XX. Más que Duchamp, más que Dalí, más que Basquiat. Ningún otro intrigó tanto a los críticos y sedujo tanto a la opinión pública.
Las obras de Warhol son, aún hoy, un motivo de agrias discusiones. No faltan los que se resisten a considerarlo un artista. Para muchos sólo es un personaje, un mercader que hacía cuadros, pero no obras de arte. Pero muchos otros lo consideran un genio, una auténtica revolución del arte. Según estos últimos Warhol es, junto con Picasso y Dalí, el trío de genios indiscutibles del siglo XX.
¿A qué se deben opiniones tan alejadas? ¿Cuál es el motivo por el que unos lo adoran y otros tantos lo odian?.
Sopa Campbell
Cuando Andy Warhol presentó este cuadro en la Ferus Gallery de Los Ángeles de 1962, los críticos de arte pensaban que era una broma.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Le preguntaron al marchante, pero éste no supo responderles. Para muchos estaba claro: es una broma o un truco publicitario de los de Campbell, que le han pagado a Warhol para que pinte sopa. Con este cuadro, el artista y su sopa regeneraron, y con bastante ingenio, el género de la naturaleza muerta.
En este género, los objetos respondían a una clase social determinada, representando el lujo aristocrático burgués o la austeridad y espiritualidad del ámbito monacal.
Más adelante, también hubo naturalezas más simples, más humildes, pero igualmente bellas. En los años 60 el bodegón era un recuerdo del pasado. Así, Warhol recupera este género con un tratamiento muy original, en vez de frutas o magníficos despliegues de alimentos, pintó sopa; un alimento típico de la época en que se encontraba, enlatado y listo para comer. En Treinta y dos latas, por ejemplo, hace un claro guiño a los escaparates barrocos.
 
 
 
Marilyn Monroe
Andy Warhol dedicó muchas obras a Marilyn Monroe después de su trágica desaparición, pero no pensando en ella como un sex-symbol, sino formando parte de un ciclo sobre la muerte.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Este es el inicio de la serie de Warhol, Muertes y Desastres. Aún hoy hay que admirar la genialidad de Warhol: junto a los cuadros de sillas eléctricas y suicidas, incluyó más de cincuenta retratos de Monroe. Un tratamiento de la muerte insólito y descarado.
El retrato siempre fue uno de los géneros favoritos de Warhol, y uno de los que más éxito le dio. Funcionó especialmente bien con el mundo cinematográfico, algo que no deja de ser paradójico. Personas que vivían de que se las retratara delante de una cámara se convertían en verdaderos mitos cuando Warhol las plasmaba en el lienzo. Y más curioso aún: hacía los retratos a partir de fotografías.
 
 
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