El nacimiento de Venus está considerada como una de las obras de mayor importancia del pintor más influyente del estilo florentino renacentista, Sandro Botticelli. Al mismo tiempo, El nacimiento de Venus es una de las obras maestras florentinas con más reconocimiento en todo el mundo.
 
Se desconoce la fecha exacta de la composición de la obra aunque según expertos, debió pintarse entre 1482 y 1484. Tampoco está claro y existen discrepancias sobre la persona que pudo encargar esta obra a Botticelli y el cometido de la misma.
 
El lienzo mide 184,5 centímetros de alto por 285,5 centímetros de ancho y está realizado mediante la técnica pictórica del temple. La representación microscópica de los detalles y la perfecta proporción de los personajes, dotan a esta pintura de una extraordinaria calidad de estructura rigurosa y llena de movimientos armónicos.
 
Esta obra expresa simbólicamente el nacimiento de la Venus Humanitas, el nacimiento de la armonía y la unidad. Una armonía y una unidad que se enmarcan dentro de los elementos tierra, mar y aire representados claramente sobre el lienzo.
 
El título de la obra como es apreciable, no responde a la imagen representada ya que no está pintado el nacimiento en sí de la diosa Venus. El título, pues, no es fiel a la imagen, ya que ésta responde a la llegada de Venus a la playa sobre una concha empujada por el aire de dioses alados bajo una lluvia de flores.
 
Aunque la diosa Venus flotando sobre una concha es el centro de atención del lienzo, a ambos lados de la misma, aparecen personajes que adquieren gran importancia en el contexto. Uno de ellos es Céfiro, el Dios del viento del oeste. Junto a Céfiro se puede observar a Cloris, la ninfa de la brisa y esposa de Céfiro. La unión entre Céfiro y Cloris representada mediante el abrazo entre ambos, simboliza la unión de la materia y del espíritu. La lluvia de flores a la que habíamos hecho alusión anteriormente, responde según la leyenda a la posterior transformación de esas rosas en seres.
 
A parte de Céfiro y Cloris, aparece representada otra ninfa que espera a Venus en la playa para cubrirla con un manto rojo con motivos florales. Según los expertos, se trataría de la representación de la estación del renacer, la Primavera.
 
La ninfa lleva un traje floreado blanco con bordados. En el cuello luce una elegante guirnalda de mirto, la planta sagrada de Venus que al mismo tiempo, es el símbolo del amor eterno.
 
Si analizamos a la diosa Venus, vemos como se cubre con su larga y rubia cabellera sus partes íntimas, sujetando con su mano izquierda los cabellos y con su mano derecha, se tapa el pecho de forma delicada. El cabello en la época renacentista va a considerarse como un ornamento claramente erótico. Botticelli, un maestro de la técnica, pinta de forma suave y sinuosa los cabellos de la diosa que parecen acariciar su cuerpo.
 
En cuanto a la posición de Venus, ésta aparece en contrapposto, es decir, con todo el peso en la pierna izquierda y el pie derecho más atrasado y un poco levantado. Esta postura recuerda a las antiguas estatuas del helenismo por lo que se considera una actitud inspirada en éstas. Algo que nos puede indicar que las estatuas del helenismo le sirvieron a Botticelli de inspiración, es el color de la piel de Venus. El color marfil con una ligera tonalidad amarillenta sugiere la superficie de una estatua y no la tonalidad de la piel.
 
En lo referente al rostro, hay que decir que responde a los cánones y al prototipo de belleza botticelliana. La cara de Venus recuerda al de las vírgenes propias de Botticelli que se caracterizan por se muy jóvenes, aparecer con la boca cerrada y los ojos claros.
 
Venus sustituye a la Virgen y expresa la fascinación de muchos artistas del Renacimiento hacía la mitología. Aquí la diosa no representa por tanto el amor o el placer sino la inteligencia y el saber simbolizados con sus delicada postura y suaves facciones.
 
Finalmente, sobre el paisaje cabe decir que no recibe un especial interés por parte del maestro Botticelli, algo que es típico de su pintura. En este lienzo, prima el dibujo sobre la imitación de la naturaleza. Los árboles que están representados, forman parte de un pequeño bosque de naranjos en flor. El bosque de naranjos en flor corresponde en la mitología griega al jardín sagrado de las Hespérides. Al mismo tiempo, éste árbol también pueden entenderse como alusiones a la familia Médicis.
 
 
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