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El infanticidio de Belén es una obra del pintor Cornelis van Haarlem. Data del año 1590 y tiene unas medidas de 245 centímetros de alto y 358 de ancho.
Era habitual en él pintar retratos, y temas mitológicos y bíblicos. De hecho, este cuadro representa la escena evangélica de la masacre de los recién nacidos de Belén por orden de Herodes. El pintor ha querido representar este suceso bíblico con un gran dramatismo.
Esta escena destaca por su dramatismo y expresividad. Con un castillo de fondo, la Judea del siglo I, representada al fondo con la arquitectura renacentista. Destaca especialmente el enorme arco del fondo.
Delante se pueden ver protagonistas las decenas de cuerpos que aparecen. Cuerpos atléticos en su mayoría, que se presentan con violentas contorsiones. La tensión de los personajes y la perspectiva forzada caracterizan el arte holandés del siglo XVII.
El manierismo se evidencia en la descomposición de algunos rostros que son alargados o desencajados para mostrar una expresión de angustia, llanto o dolor.
Hay que destacar el “soldado” que aparece en el centro de la obra que agarra a un niño. Esto es un ejemplo de cómo predomina la estética sobre el realismo.
En cuanto a los colores hay que decir que no se corresponde exactamente con la realidad sino que se intenta plasmar una emoción determinada. Los tonos son fríos, artificiales, algo extraños. Verdes, blancos, amarillos, marrones, algún rojo, azul o rosa. Pero especialmente, contrasta el color de unos cuerpos de tonos más naturales con otros que son casi blancos, como si fueran estatuas.
El artista formó parte de un grupo de pintores llamados “Los manieristas de Haarlem”. Cabe destacar de él su preferencia por el desnudo y los temas que permiten un tratamiento sensual.