El artista francés Jean-Leon Gérome estuvo durante tiempo estigmatizado como el emblema de un academicismo estéril, antes que la percepción del artista evolucionase profundamente a lo largo de las últimas décadas. Hoy está comprendido como uno de los grandes creadores de imágenes del siglo XIX.
Y Ud. tiene la oportunidad de ver su obra en el Museo de Orsay con esta exposición La Historia en Espectáculo hasta el 23 de enero del 2011 que te brinda la oportunidad de abordar todos los retos de su obra, de sus fuentes hasta su influencia: la plaza de Gerôme en la pintura francesa de su época, su concepción teatralizada de la pintura de historia, su compleja relación con el exotismo, su uso de la policromía en escultura, su papel de docente, su vinculación con el modelo antiguo, pero también cómo su personalidad cristaliza todo el combate anti-academicista de finales del siglo XIX, y por fin, el afán que suscitó acerca del público y de los coleccionistas americanos.
Más allá de la seducción inmediata y de su accesibilidad, es pues la doble identidad de esta obra, tan salvaje como popular, empujando la obsesión ilusionista hasta la extrañeza, que la hace hoy tan valiosa para los historiadores del arte y del público en general.
Jean-Leon Gerome (11 de mayo de 1824 – 10 de enero de 1904) fue un pintor y escultor francés exponente del estilo conocido como Academicismo, en la línea de Jean Auguste Dominique Ingres o Bouguereau. Los asuntos de su obra van desde la pintura histórica a la mitología griega, así como los temas orientalizantes y exóticos, muy en boga en la época, pasando por los géneros más tradicionales del retrato o el paisaje.
Con Léon-Gérome la tradición pictórica académica alcanzaría su máximo esplendor. El aritsta se formó bajo la tutela de Paul Delaroche, a quien acompañaría a Italia, donde visitaron Florencia, Roma, el Vaticano y las ruinas de Pompeya y Herculano.
Gran viajero, Gérôme realizaría varias excursiones hacia el este del Mediterráneo, además de las mencionadas estancias en Italia. Viajó también a Oriente, de donde traería buena parte de los objetos de su colección de los que se servía para montar sus composiciones. Fue también un gran aficionado al arte de la fotografía, en aquella época en ciernes, y haría un uso documental de sus instantáneas, no disimulado, como apoyo de sus pinturas.
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