
Del 22 de septiembre al 28 de febrero del 2011 se viene exhibiendo las obras de Hans-Peter Feldmann (Edificio Sabatini, Planta 3) en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.
Este museo al igual que el famoso Museo del Prado, es uno d elos lugares muy visitados por los turistas amantes del arte que visitan Madrid.
Precisamente, esta exposición de Hans-Peter Feldmann creció durante la postguerra alemana, un mundo desprovisto de imágenes.
Para él las escasas imágenes que encontraba a su alrededor eran ventanas a otros mundos. Fascinado, empezó a coleccionarlas, recortarlas y pegarlas en álbumes, y ha seguido haciéndolo hasta hoy.
Por eso no es extraño que cuando empezó su carrera como artista, a finales de los años 60, cubriera la parte de atrás de sus pinturas con collages de fotos, o que más tarde hiciera unos libritos modestos con tapas de cartón e imágenes en offset de un mismo tipo de objetos: aviones, camas deshechas, rodillas de mujer, etc.
Los titulaba 2 imágenes (2 Bilder) o 7 imágenes (7 Bilder), según el número que contenían. También comenzó a recoger en las 36 imágenes de un carrete analógico, a la manera de fotos-fijas de cine; hechos triviales: un barco pasando por el río, la mujer de enfrente limpiando la ventana, dos chicas vistiéndose en la piscina.
Años más tarde expandió su reflexión en un libro y una serie de 101 retratos fotográficos que llamó 100 Years(100 años), en cada foto mostraba una persona, de entre ocho meses y un siglo. Las personas retratadas eran familia o amigos del artista.

Para él fue una manera de mediar con el paso del tiempo; para nosotros, la serie hace de bisagra entre la memoria personal y la colectiva, nos recuerda que el tiempo pasa para todos y cuando la recorremos, inevitablemente comparándonos con las personas retratadas de nuestra edad, repasamos 100 años, toda una vida.
Quizás la obra que mejor ejemplifique el espíritu de Feldmann sea su última instalación Shadow Play. Al entrar en el espacio, vemos la pared del fondo cubierta, de lado a lado, por imponentes sombras que se acercan y se alejan. En el centro, entre la pared y el espectador, encontramos unas mesas giratorias llenas de muñecos y objetos baratos que, iluminados por detrás, crean las sombras. En las mesas hay bastante desorden y se ven restos del montaje.
El truco está a la vista, pero la magia no desaparece. Según el artista, “en realidad es un montón de baratijas y desperdicios cuya acumulación crea en nuestros cerebros algo completamente nuevo durante un determinado tiempo: una sombra chinesca”.
Estas sombras nos transportan a la infancia donde cualquier imagen podía ser una ventana a otro mundo, porque el arte, como Feldmann dice, “es un evento, una impresión, una sensación, y más. Nunca es el objeto en sí”.
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Museos