La Gioconda, también conocida como La Mona Lisa es la obra más importante y admirada, no sólo de su autor Leonardo da Vinci, sino de toda la Historia del arte.
 
Está pintada entre 1503-1506, sobre una delgada tabla de madera de álamo, extraordinariamente frágil. Leonardo preparó minuciosamente la tabla, con múltiples capas de enlucido. Dibujó el motivo del cuadro y después aplicó el óleo, sabiamente diluido en aceite esencial. Ello le permitió aplicar innumerables capas de pintura en forma de veladuras, con finas pinceladas imperceptibles que magistralmente aplicadas hacen tan real a este cuadro. La técnica se ha dado en llamar "Sfumato".
 
 
Parece ser que la protagonista del cuadro es Lisa Gherardini, una dama florentina casada con Francesco del Giocondo, banquero napolitano. No obstante existen otras posibilidades sobre quién es la protagonista del cuadro: Isabella D´Este, que reinaba en Mantua, una amante de Julián de Médicis, una amante del propio Leonardo, una mujer universal idealizada, un adolescente vestido de mujer. Hay hasta quien ha llegado a manifestar que pueda tratarse de un autorretrato del propio Leonardo.
Una peculiaridad de la dama que aparece en el cuadro es que no tiene cejas ni pestañas. Aunque hoy en día nos extrañe, era una costumbre común entre las damas florentinas de la época, depilarse todo el vello de la cara. Según otros expertos, Leonardo nunca le pintó cejas ni pestañas para dejar su expresión más ambigua o porque, realmente, nunca llegó a terminar la obra.
Sobre la cabeza lleva un velo, signo de castidad y atributo frecuente en los retratos de esposas. Este detalle también ha servido a muchos autores para afirmar que la Mona Lisa se encontraba embarazada en el momento en el que estaba siendo retratada.
La Gioconda aparece sentada en un sillón, y posa sus brazos en los apoyos del asiento. La mano derecha se posa encima de este brazo. Esta postura transmite la impresión de serenidad y de que el personaje retratado domina sus sentimientos.
En sus manos y sus ojos puede verse un claro ejemplo característico del sfumatto, y también puede destacarse el juego que hace con la luz y la sombra para dar sensación de volumen.
Se encuentra sentada en una galería, viéndose en el borde izquierdo del cuadro la base de una de las columnillas. La galería se abre a un paisaje inspirado en las vistas que Leonardo pudo alcanzar a divisar en los Alpes, cuando hizo su viaje a Milán. El paisaje posee una atmósfera húmeda y acuosa que parece rodear a la modelo.
Muchas veces se ha tratado de compaginar uno y otro lado del paisaje tras la modelo, pero la discordancia entre ambos lados no permite que se diseñe un modelo continuado de la imagen. Debe tenerse en cuenta que el lado izquierdo parece estar más alto que el derecho, entrando en contraste con la física, puesto que el agua no puede encontrarse estática a desnivel en el terreno.
En la obra no importa sólo la grandiosidad de la imagen, lograda por la perfecta definición del modelado, sino la plasmación de esa belleza ideal, tan buscada e investigada por Leonardo. La fusión entre el sentimiento del ser humano y la naturaleza es el reflejo de esa belleza, que se manifiesta en el perfecto equilibrio y armonía del rostro de la figura y en su sonrisa enigmática.
Es la última gran obra de Leonardo, y de hecho estuvo retocándola hasta sus últimos días, llevándole cuatro años completar el proyecto.
 
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