Dalí convirtió los factores del absurdo y la locura simulada en un principio, más que cualquier otro surrealista.
La técnica de Dalí era brillante, propia de un clásico, correcta hasta la pedantería. Lo desagradable y obsceno, lo satánico y monstruoso se presentaban en una forma teatral. Sin embargo, usó el detalle naturalista para transmitir contenidos de una naturaleza monstruosa y antinatural.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
La esencia de su arte, que Dalí denominó “paranoico-crítico”, era una exageración alucinatoria. No obstante, el arte de Dalí despliega claramente una gran cantidad de referencias y alusiones históricas, sobre todo a la pintura manierista, y finalmente, también fue incapaz de evitar la ineludible trasformación de un anti-arte en una forma de arte “positiva”, por así decirlo.
En La persistencia de la Memoria juega con el contraste entre lo duro y lo blando, incluyendo un variadísimo repertorio de símbolos psicoanalíticos.
También aparecen interesantes objetos “de funcionamiento simbólico”. Con el método paranoico- crítico, lo que hacía, en la práctica, era que una representación contuviese también otra completamente diferente.
Lo que la cámara de cine podía mostrar con el movimiento y el tiempo, aparecía en el espacio del cuadro de modo simultáneo. Esto aparece en su artículo “el asno podrido”, en él se refería a ello diciendo: “La obtención de una tal imagen doble ha sido posible gracias a la violencia del pensamiento paranoico que se ha servido con astucia y habilidad de la cantidad necesaria de pretextos, coincidencias, etc… aprovechando para hacer aparecer la segunda imagen que, en este caso, ocupa el lugar de la idea obsesiva”.
El óleo de La persistencia de la memoria, de dimensiones 24x33 cm. fue comenzado a pintar por Dalí en el taller de Portlligat en Cadaqués, cuando sólo tenía 27 años y en plena época surrealista.
En la primera etapa del trabajo, Dalí encuadra el escenario de la obra, es decir, las rocas del litoral del Cap de Creus, la playa, el mar o el cielo, junto a otros elementos de la pintura como sería la forma adormida localizada en el centro del cuadro y que podría ser un autorretrato del propio artista.
En el año 1931, Dalí y Gala viajan a París junto con el cuadro, aún inacabado para no retornar ya nunca más.
La obra se finalizó en la capital francesa un día en el que el pintor, como el propio Dalí explicó, se había citado con unos amigos para ir a ver una película al cine.
Pero el pintor se sintió cansado esa tarde y prefirió quedarse en casa descansando, mientras que su mujer salía con sus amigos. Cuando Gala volvió, Dalí había acabado el cuadro, gracias a una lucidez e inspiración producida, según sus propias palabras, por la visión de “dos relojes blandos, uno de los cuales colgaba lastimosamente de una rama de olivo”.
Al volver Gala, Dalí le mostró la obra concluida y le preguntó si con el paso de los años podría olvidar aquella imagen. " Nadie la podrá olvidar nunca una vez vista", fue la respuesta de la esposa.
 
 
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