El British Museum ofrece una de las mayores exposiciones de arte sagrado del medievo. Una exhibición que tiene como característica destacada el hecho de reunir por primera vez algunos de los 'tesoros sagrados' más bellamente trabajados. La muestra presenta unos 150 objetos sagrados cedidos por más de 40 instituciones de todo el mundo como el Vaticano, iglesias europeas, museos de Estados Unidos y Europa, así como objetos procedentes de la propia colección del Museo Británico.

'Tesoros del cielo' nos muestra objetos de más de mil años de antigüedad: la reliquia más antigua data del período tardorromano continuando la línea cronológica hasta la Baja Edad Media. Algunas de las reliquias más destacadas son las tres espinas de la Corona de Cristo, fragmentos de la Vera Cruz, el pie de San Blas, leche del pecho de la Virgen María, cabello de San Juan Evangelista y el Mandylion de Edesa, un trozo de tela cuadrada en el quedo milagrosamente impreso el rostro de Jesúcristo, siendo la primera imagen del Cristianismo.

Esta muestra tiene una dimensión especial al ser la primera vez que se exhibe en Gran Bretaña un número tan grande de objetos sagrados desde la Reforma del siglo XVI, época en la que se procedió a la destrucción de todo este tipo de imagenes en los países protestantes, al tiempo que el arte religioso experimentaba una època dorada en la zonas católicas.
Como complemento a la exposición se han organizado una amplia serie de actividades, talleres, conferencias y un ciclo de cine y documentales. La muestra, inaugurada el 23 de junio, permanecerá abierta al público hasta el 9 de octubre de 2011.
El Museo Británico de Londres viene dedicando una exposición para explorar las creencias de los antiguos egipcios en el más allá a través de su inigualable colección de papiros conocidos como Libros de los Muertos.
Son éstos textos funerarios compuestos por himnos a los dioses y fórmulas mágicas destinadas a ayudar a la persona fallecida a sortear los peligros que la acechan en la otra vida hasta llegar al paraíso, versión idealizada del entorno natural del Nilo.
El Museo Británico cuenta con una de las mayores colecciones del mundo de Libros de los Muertos en papiro, que por su extraordinaria fragilidad no están expuestos al público, por lo que ahora se presenta una excelente ocasión de verlos juntos.
Dividida en varios capítulos, la exposición, que podrá verse hasta el 6 de marzo es un recorrido didáctico por las distintas etapas que ha de superar el muerto desde su embalsamiento hasta que, ayudado por esas fórmulas mágicas para vencer los obstáculos que se encuentra por el camino, conquista finalmente la vida eterna.
Los antiguos egipcios creían que la persona la constituían aspectos físicos y espirituales que se separaban en el momento del óbito, pero habían de reunirse de nuevo para alcanzar la eternidad.
El cadáver se preservaba mediante la momificación y el espíritu gracias a la magia. Una vez conquistada la vida eterna, el espíritu del muerto podía libremente viajar por el cielo, acompañando a Ra, el dios del Sol y creador del mundo, por el inframundo o reino de los muertos, gobernado por Osiris, o visitar a voluntad a los vivos.
En el antiguo Egipcio, el cuerpo del noble muerto era momificado primero, para purificarlo de toda corrupción, y setenta días después era llevado en procesión a la tumba, a cuyas puertas un sacerdote procedía a una ceremonia de apertura de la boca con un instrumento cortante, rito utilizado originalmente para ayudar al recién nacido a respirar y alimentarse.
Los sortilegios de los Libros de los Muertos no se limitan a los manuscritos sino que sus textos se encuentran también, como se documenta en la exposición, en las vendas con las que se envolvían las momias, en los sarcófagos, en las máscaras o en las estatuillas que las acompañaban en la tumba.
El fallecido tenía que poder acceder a esas fórmulas, que constituían una especie de escudo protector, para conjurar peligros y repeler a los enemigos que pudieran aparecer en su recorrido por los montes y cavernas del más allá.
Esos conjuros le daban poderes especiales para ahuyentar a serpientes, cocodrilos y cualquier monstruo a la vez que le permitían adoptar la forma de algún animal ya fuese un reptil o un ave como el halcón.
Al final, en el llamado Día del Juicio, bajo la supervisión de Anubis, el dios con cabeza de chacal considerado protector de los muertos, se pesaba en una balanza el corazón del fallecido para determinar si era digno de la vida eterna.

Los cínicos afirman que el Museo Británico es la cueva de ladrones más conocida del mundo y sin ninguna duda una colección de grandes tesoros, entre sus 6 ó 7 millones de piezas muestran una gran parte de la cultura mundial.
Y es que sus colecciones arqueológicas son el tesoro más preciado y es una de las razones de la fama internacional del museo. Por ejemplo, para esta temporada el museo presenta una de las impresionantes colecciones del arte de los Incas.
La exhibición “El Oro de los Incas”, reúne cerca de 200 piezas que ofrecen un vistazo a los orígenes y misterios del imperio Incaico. La muestra también incluye piezas de oro y plata de diversas civilizaciones preincaicas que florecieron en diversas regiones del Perú.

Cabe anotar que los Incas crearon un imperio de gran alcance más de 2.400 kilómetros a lo largo de la longitud de los Andes, cuya capital era el Cusco.
El jefe supremo del Estado era el rey, considerado un dios viviente gobernante por derecho divino y la familia real controla importantes áreas de gobierno como el ejército.
Los Incas se establecieron en los territorios recién conquistados como una manera de gestionar los pueblos sometidos y difusión de la lengua y las costumbres incas.
De igual forma, los ingenieros incas y los trabajadores construyeron una red de miles de kilómetros de carreteras y puentes para conectar el imperio. Ellos construyeron centros administrativos, almacenes y bases militares. Un sistema de corredores que llevan información registrada en las cuerdas anudadas llamados quipus también se vincula la capital a las regiones.
Y siendo el Cusco el centro del mundo inca desde la plaza central de los cuatro principales caminos incas llevaron a los cuatro rincones del imperio, llamado Los 4 Suyos. Una ciudad sagrada llena de templos, palacios reales y residencia.
El Museo cierra: 1 de enero, 24, 25 y 26 de diciembre
El British Museum (Museo Británico) es un museo de historia de la humanidad y la cultura localizado en Londres. Sus colecciones, que suman más de siete millones de objetos y se encuentran entre las más grandes y completos del mundo que ilustran y documentan la historia de la cultura humana desde sus inicios hasta el presente.

Precisamente, una de las fabulosas salas del Museo Británico es la Biblioteca del Rey, que fue una de las más importantes colecciones de libros y folletos de la época de la Ilustración.
Montado por Jorge III esta biblioteca académica contiene más de 65.000 volúmenes que se le dio posteriormente a la nación británica por parte de George IV
Se encuentra en una galería especialmente construido en el Museo desde 1827 hasta 1997 y que ahora forma parte de la Biblioteca Británica. El término "colección del Rey' a veces también se utiliza para referirse a la galería en el Museo Británico construido para la colección.
Cuando Jorge III se convirtió en rey en 1760 que no heredó una biblioteca de cualquier tamaño, ya que Jorge II le había dado el Antiguo Real Biblioteca del Museo Británico tres años antes. Aunque no es un intelectual, Jorge III había un respeto genuino por el aprendizaje, desarrollado bajo la influencia de su tutor, el conde de Bute.
Al convertirse en rey, rápidamente comenzó a ensamblar una nueva colección de obras, principalmente académicos, el proyecto inicio en serio en 1762-3 con la compra de la biblioteca de José Smith, que fue una adquisición de libros de una serie de fuentes en el norte de Italia y también la compra a través del comercio internacional del libro.
La colección se destaca por sus 260 incunables, entre ellos muchos primeros volúmenes italiana de Venecia y el norte con una iluminación muy bien y los enlaces. En total, el rey compró 6.000 volúmenes de Smith. Estos no se mantienen juntos en la biblioteca de Jorge III, pero sin embargo puede ser identificado por la palabra "Smith" marcados en cada volumen por el bibliotecario del rey.

Cuando Jorge III murió en 1820 no estaba claro lo que él tenía la intención de pasar a la biblioteca después de su muerte, y también si ahora era la propiedad personal de su heredero, Jorge IV, o pertenecían a la Corona.Estas cuestiones se resolvió en enero de 1823 cuando, después de un período de negociación con el gobierno, Jorge IV escribió al Primer Ministro Lord Liverpool que ofrece la Biblioteca de la nación.
En los rumores entre tanto había aparecido en la prensa británica que estaba considerando la venta de la biblioteca del zar;. No se sabe si había alguna verdad en estas. Al regalar la Biblioteca, el rey fue capaz de evitar la gastos de su mantenimiento (más de € 2.000 por año) en un momento de dificultades financieras, además de facilitar la reconstrucción del Palacio de Buckingham, un proyecto de gran importancia para él.
La Biblioteca fue una adición importante a la colección de libros del Museo, agregando 65 mil volúmenes a una existente 116000, donde se estima que sólo 21.000 de ellos fueron duplicados.
Los historiadores coinciden en que Jorge III destinó la biblioteca para ser un recurso integral para los estudiosos, en lugar de una colección de volúmenes raros o bibliófilo. En otras palabras, se trataba de una colección de trabajo en lugar de una obra maestra, aunque sí contiene algunas rarezas notables.
Estos incluyen una Biblia de Gutenberg e incunables muchas en Inglés, incluyendo una copia de la primera edición de Caxton de los Cuentos de Canterbury.
Londres, como una de las más importantes metrópolis europeas, es considerada una de las ciudades culturalmente activas más significativas del mundo. De entre los cientos de museos con los que cuenta, en el mes de Julio le toca el turno al más importante de todos ellos, el Museo Británico.
 
Desde su inauguración en 1759, en plena calle Great Russell, con su fachada de estilo neoclásico, es el museo más conocido de Inglaterra, recibiendo durante sus primeras décadas unos 5.000 visitantes al año, sin embargo, actualmente acoge cada año aproximadamente 6 millones de turistas, convirtiéndose en uno de los museos más visitados del mundo.
 
En sus inicios, el Museo Británico contaba únicamente con algunas curiosidades e investigaciones, como fósiles, alguna escultura, monedas y medallas. Sin embargo, la arquitectura del museo está inspirada en Grecia, con sus grandes columnas jónicas y pórticos. Y a esa cultura quería dedicar sus interiores, alcanzando en la actualidad, y tras haber recuperado miles de piezas donadas y no siendo expuestas todas las obras, una colección con más de 8 millones de objetos, entre donaciones y compras.
 
El Museo Británico está formado por tres niveles bien distribuidos, centrándose en muchas de las más bellas antigüedades de toda la historia, sobre todo, las pertenecientes a Grecia, Roma y Egipto, con obras tan famosas y espectaculares como los frisos del Partenón.
 
La sección del Antiguo Egipto es la más importante del planeta después de la del Museo Egipcio de El Cairo. Otras grandes obras exhibidas en el Museo Británico, son las esculturas del Imperio Asirio, las salas egipcias, dotadas de momias, esculturas y una gran cantidad de objetos sustraídos de las tumbas o su pieza más magnífica, la piedra Rosetta, fundamental para la interpretación de jeroglíficos.
 
De las muestras romanas, su mayor importancia radica en los tesoros y artesanías celtas, tales como el hombre Lindow o la Vasija de Portland. En el espacio dedicado a oriente, podemos encontrar preciosas obras chinas de marfil y porcelana, así como una espectacular y soprendente exposición de dioses hindúes, Buda y otras piezas.
 
Además de Museo, contaba además, hasta 1973, con la mayor sala de lectura de la Biblioteca Británica. Incluso llegó a albergar el Museo de Historia Natural de Londres, antes de que éste cambiase a su propia sede en el año 1963.
 
El Museo Británico no ha dejado de abrir ni un solo día, exceptuando durante las dos guerras mundiales, fechas en las que se cerró por miedo a posibles deterioros en sus obras.
 
La entrada al museo y a gran parte de las salas, como la de lectura, son libres y gratuitos, a excepción de algunas exposiciones temporales.
 
 
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