El Museo Reina Sofía fue creado en 1990, pero no se consolida como auténtico museo hasta 1992, coincidiendo con la inauguración de su Colección permanente.
Las salas del Reina Sofía están alojadas en el antiguo hospital de San Carlos de Madrid, obra de Francisco Sabatini realizada sobre un proyecto de Hermosilla, al que se le unió la ampliación de Jean Nouvel, que actualmente acoge las exposiciones temporales.
En septiembre de 2005 se inauguró la ampliación del museo al incorporársele un amplio auditorio, una nueva sede para la biblioteca y más salas de exposiciones temporales en un nuevo edificio.
Cronológicamente, las colecciones del museo son una prolongación de las del Museo del Prado. Una de las razones de su creación fue la de cubrir el periodo que va del siglo XIX a la actualidad. En su momento, se marcó el año 1881 (nacimiento de Picasso) como línea divisoria entre ambas colecciones. Pero, en la actualidad, y debido al cambio en la dirección de ambos museos, esta línea divisoria se está haciendo más laxa. Por ejemplo, la exposición de Francis Beacon la acoge El Prado y no el Reina Sofía, como correspondería por la cronología del artista.
Sus salas contienen importantes representaciones de las vanguardias históricas del siglo XX, ocupándose de las tendencias más relevantes en la evolución del arte español y su contexto internacional, marcado por la llegada del siglo XX y la irrupción de los nuevos movimientos artísticos.
La obra más importante del museo es el “Guernica”, de Pablo Ruiz Picasso. Se trasladó en 1992 al museo desde el Casón del Buen Retiro de Madrid y, desde ese momento, se ha convertido en la pieza clave del museo.
En este momento, el museo está en un proceso de reorganización para poder dar a la colección una visión más compacta, más coherente. Así se representan cada movimiento en su contexto, para lo que se apoya en los diferentes medios, de tal forma que convivan tanto las obras más antiguas con los contenidos audiovisuales.
De hecho, Manuel Borja-Villel, director del Reina, ha conseguido un pacto con El Prado por el que el centro de arte contará con 10 de los grabados de Francisco de Goya, que se exhibirán en la sala de fin de siglo, dedicada a 'La España Negra y la España Blanca'. "Para entender la España negra (de Zuloaga) hay que entender la España blanca (de Sorolla)", señaló hoy Borja-Villel.
El programa expositivo contempla distintas líneas de actuación: revisiones del arte español a partir de 1945, grandes muestras dedicadas a artistas nacionales e internacionales de actualidad y realización de nuevos proyectos de innovación artística y tecnológica dentro del ámbito “Espacio Uno”.
Paralelamente, y como complemento a este calendario, se llevan a cabo conferencias, proyecciones, talleres infantiles y visitas guiadas.
El museo cuenta además con una ‘Asociación de Amigos' fundada en 1987 y con una biblioteca especializada en arte español contemporáneo.
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La escultura Mujer en el jardín fue realizada por el malagueño Pablo Picasso en 1930 como monumento a Guillaume Apollinaire. Es una de las obras más admiradas por el propio autor, quien la tendrá en el jardín de su casa.
Esta obra surge como fruto de la colaboración entre Julio González y Picasso a partir de 1929, cuando retoman una amistad que había surgido en la Tertulia de Les Quatre Gats en Barcelona.
Gracias a ésta, Julio González permite a Picasso explorar el medio del Assamblage en la Escultura, un método “moderno” que daría una nueva expresividad a las obras. Julio González había desechado hacía varios años el proceso tradicional de vaciado en metal fundido de la escultura por la utilización de las técnicas directas del trabajo del hierro: la forja y el ensamblado mediante soldadura autógena.
La Mujer en el Jardín tendrá una primera prueba, una en hierro pintado en blanco, que se conserva en el Museo Picasso París. Esta réplica fue encargada por el propio Picasso a Julio González, para poder aplicar la técnica del assamblage.
Quizás la diferencia fundamental entre ambos autores es la concepción que ambos tienen de la obra. Si bien Picasso la concibe como una serie de piezas unidas, un collage; Julio González la entiende unitariamente.
Lo más importante de esta colaboración con el escultor catalán Julio González es que lleva a Picasso por caminos diferentes de los del propio cubismo. Autores como Lipchitz o Laurens utilizarán técnicas tradicionales. Esto se traducirá en esculturas compactas, sólidas, con tendencia al hieratismo.
Sin embargo, gracias a González y su exploración en el hierro forjado, las esculturas de Picasso se transformarán, serán ligeras, sintéticas, espaciales. En la Mujer en el Jardín vemos una monumental escultura de dos metros en la que vemos el desplazamiento del a figura gracias a la unión entre líneas y perspectivas.
Es una interpretación diferente, una mujer mecánica, picasiana y tremendamente ligera. Donde el juego con el vacío aporta una nueva concepción del volumen para la escultura de Pablo Picasso.
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Salvador Dalí fue uno de los pintores surrealistas de mayor repercusión en su época. Con sus cuadros se desvelan la mayoría de las grandes obsesiones del pintor catalán.
El surrealismo se gesta en 1924 a raíz del manifiesto surrealista firmado por André Breton, en él se propone el automatismo psíquico para expresar la palabra en cualquier arte. Este movimiento de vanguardia está en clara relación con las novísimas investigaciones psicoanalíticas de Sigmund Freud.
El gran masturbador fue pintado en 1929, en la primera visita a París de Dalí, cuando viaja con Federico García Lorca y Buñuel para filmar el Perro Andaluz.
En este cuadro se muestran las obsesiones más profundas de Dalí de una forma ambigua que pasa desapercibida por la contundencia del dibujo y la claridad de las imágenes, pues Dalí era un gran dibujante.
 
 
Esta ambigüedad culmina con la creación del método paranoico-crítico y este cuadro es su claro antecedente.
Este cuadro puede considerarse un auténtico tratado de iconografía, ya que parecen todas las simbologías que van a estar presentes en su pintura.
Se representa una mujer, según el estilo modernista, que surge de una masa aparentemente amorfa, cuyo rostro está cercano a los genitales masculinos. A su lado, un lirio, símbolo de pureza.
También aparece otra de sus obsesiones, la soledad, por lo que pinta una figura humana solitaria y alejada del centro y la principal forma del cuadro.
Pero también aparece Gala, su eterna representada, fundiéndose en un abrazo, pues es este año cuando la conoce. Según algunos estudios, Dalí se representa a sí mismo en el elemento central de su autorretrato, de forma estilizada pero reconocible: el color amarillento, la cara alargada y con una gran nariz.
En la parte de debajo de la masa podemos observar dos elementos recurrentes:
- Langostas, por el miedo que les tenía
- Las hormigas como símbolo de muerte o putrefacción.
- La cabeza del León, como deseo sexual.
- Las piedras que le relacionan con su pasado
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Picasso retrata en el Guernica el acontecimiento del bombardeo alemán del pueblo vasco de ese nombre a cargo de la aviación de la Legión Cóndor, que sembró la muerte y la destrucción sobre la ciudad mientras sus habitantes se encontraban en la plaza del mercado. Fue un ensayo general de la guerra total.
Picasso no describe el ataque alemán, sino sus consecuencias. Para ello utilizó escasos colores: negro, blanco y gris.
 
 
 
 
 
 
 
 
El marco compositivo es un triángulo obtusángulo plano en el que se inscriben ocho figuras, que más que actuar padecen los efectos de una actuación: en el medio, un caballo “apocalíptico” mortalmente herido que levanta el cuello, agonizante; bajo él, en el suelo, se encuentra el jinete, destrozado por la metralla; una mujer corre hacia el centro; otra, cuyo brazo se levanta por encima de su cabeza y se dirige hacia el interior del cuadro, sostiene una vela que ilumina la horripilante escena, mientras que a la derecha otra mujer chilla; y a su izquierda, una cuarta mujer sostiene a su hijo muerto entre los brazos. Una terrible Pietà del siglo XX.
Sobre esta figura aparece un toro, inaccesible y orgulloso, con los ojos muy abiertos, quizás un símbolo de la España invencible, o de indiferencia ante el triunfo del mal.
Las llamas que se elevan por encima de la casa de la mitad derecha están reproducidas de una manera esquemática, como si fuese el dibujo de un niño. Todo iluminado por la “luz natural” de una bombilla.
En cuanto a los cuerpos destrozados, según la interpretación de Picasso, tienen un significado simbólico, son modelos que representan a la humanidad sufriente. Y el enemigo no se muestra, permanece anónimo, invisible.
En el Guernica, el artista alcanzó un total equilibrio entre la forma y la expresión. Es el cuadro histórico más importante de la época. El Guernica constituye una metáfora intemporal de una fuerza irresistible, más convincente y memorable que “masacre en Corea”.
En la órbita del Guernica se hicieron una serie de estudios y representaciones aisladas, el más convincente, aparte de los múltiples dibujos sobre el mismo tema, son los estudios al óleo de la “Mujer llorando”. Éstos fueron inspirados por la famosa escena de mujeres llorando y chillando en la película revolucionaria clásica de Eisenstein “Acorazado Potemkin”.
En este cuadro, Picasso consigue superar a los propios expresionistas y sus sucesores. Con el Guernica consigue combinar el símbolo pintado y realidad histórica. Pero es una obra sencilla, es decir, pintada para un lugar concreto, el Pabellón de España en la Exposición Internacional celebrada en París en el año 1937, un Pabellón que tenía un marcado carácter propagandístico de la República española y que debía atraer a una gran cantidad de visitantes.
Visitantes de una exposición internacional, no de un museo, visitantes enterados y menos enterados, que pasaban por delante de un mural que parecía un gran cartel y tenía, además, la ocasión de al lado tener una obra notable y sugestiva por lo curioso del material empleado, el mercurio de Almadén, y en el efecto conseguido, el movimiento: nos referimos a la “Fuente de Calder”. Cerca, el gran patio central, cubierto por un gran toldo que podía descorrerse, un escenario para representaciones de todo tipo, sillas, un bar, etc,… algo bien distinto a lo que es un museo o, siquiera, una sala de exposiciones.
Por ello utilizó, como en una imagen propagandística, símbolos iconográficos muy elementales y los usó para crear un cartel monumental, no descriptivo, capaz de transmitir el efecto trágico del bombardeo de Guernica y, en general, de la guerra y la agresión fascista.
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Esta pieza pertenece a la serie de Peine del viento, cuya culminación es el Peine IV que está ubicado en San Sebastián.
Chillida comienza a elaborar esta serie en los años 50’s, pero no la terminará hasta los 90’s, de lo que podemos deducir su enorme implicación con esta obra, compuesta por 23 trabajos.
Esta obra poco tiene que ver con las posteriores, especialmente la de la playa de Ondarreta en San Sebastián, ya explicada en SigoJoven.
En ésta, las líneas son rígidas y racionales, tremendamente estáticas. Importa la monumentalidad y el volumen de la figura, pero no la integración con el espacio, como se hará en las posteriores.
Aquí, los ángulos y los planos se asientan en dos puntos de apoyo lo que da una absoluta rigidez a la estructura y se convierte en una pieza dura y tosca debido al uso del hierro.
En realidad, esta pieza, poco tiene que ver con los posteriores “Peines del viento”. Será en este momento cuando Chillida esté realizando las Puertas del Monasterio de Aranzazu, una de sus piezas más comprometidas y más fastuosas, que marcarán un hito en su carrera y en la renovación escultórica que lleva a cabo durante los años 50, de la cual es un ferviente percusor, a la vez que Oteiza. Será en las Puertas de Aranzazu cuando se convierta en un personaje fundamental en la historia del arte español contemporáneo.
La suntuosidad de la pieza elaborada para el monasterio, concebida como una auténtica mole arraigada con el lugar donde se inspira, está relacionada con este “Peine del Viento”. Si bien, luego, cambiará hacia formas menos corpóreas y más integradas en los espacios en los que es ubican.
No será hasta el IV Peine cuando se asienten las bases por las que ahora conocemos los Peines del Viento de Chillida, con la estructura arbórea.
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