El Rijksmuseum o Museo Nacional de Ãmsterdam es sin duda, uno de los más importantes de Europa. Especialmente, por una razón: posee la colección más famosa de pinturas del Siglo de Oro holandés y una gran colección de arte asiático y egipcio.
Este museo está dedicado al arte, la artesanÃa y la historia. Además de pinturas también posee esculturas y numerosos grabados.
El Rijksmuseum se fundó en 1800 y su primera sede fue el Palacio de Frederik Hendrik en Huis ten Bosh, cerca de La Haya. Era conocido como la GalerÃa Nacional de Arte.
Se trasladó a Ãmsterdam ocho años después de su fundación por orden del rey Luis Bonaparte, dentro de la polÃtica cultural diseñada por Napoleón para los paÃses cercanos a Francia, como era el caso de Holanda.
La colección se instaló en unas salas del Palacio Real y se limitaba a los fondos procedentes de La Haya y otros cuadros que pertenecÃan a Ãmsterdam, como el conocidÃsimo cuadro de Rembrandt, la Ronda de noche.
Durante el siglo XIX, el museo cambió varias veces de ubicación, ya que, la colección se fue ampliando y fue necesario más espacio para albergar tantas obras y de tanta calidad artÃstica.
Fue en 1885 cuando se trasladó al lugar que ocupa actualmente. Un edificio impresionante que mezcla el estilo gótico y el renacentista. Fue construido por Pierre Cuypers, un arquitecto holandés, que lo decoró con referencias a la historia del arte holandés.
Está situado en la llamada Plaza de los museos, cerca del Museo de van Gogh y del Stedelijk. Tiene una planta rectangular de 135 metros en su lado mayor. La estructura se dispone alrededor de dos patios simétricos, ocupado el centro por las entradas.
Este museo alberga obras de artistas tan importantes como Rembrandt, Vermeer, Heemskerck Hals, van Leyden, Ruysdael, van Scorel, di Cosimo y van Rijn, entre otros muchos.
Desde el 2003 el museo se encuentra en obras de restauración y renovación. Un proyecto, que están llevando a cabo dos arquitectos españoles, Cruz y Ortiz.
El Rijksmuseum merece la pena visitar por albergar obras de gran calidad de artistas holandeses pero también extranjeros como Goya y maestros italianos del Renacimiento y Barroco.
 
La ronda de noche es una de las pinturas más conocidas del artista holandés Rembrandt. Es un óleo sobre lienzo pintado entre 1640 y 1642 y tiene unas dimensiones de 359 centÃmetros de alto por 438 de ancho.
Su nombre original fue La compañÃa del capitán Frans Banning Cocq y el teniente Willen van Ruytenburg. La obra fue un encargo de la Corporación de Arcabuceros de Ãmsterdam para decorar la sede de la milicia.
En esta pintura podemos ver la milicia del capitán Frans Banning Cocq en el momento en el que éste da la orden de marchar al alférez Willen van Ruytenburch, indicándoselo con la mano.
Detrás, están los miembros de la CompañÃa que pagaron unos cien florines al pintor para aparecer en el cuadro. Esto era un auténtico honor, ya que, suponÃa un reconocimiento público de su labor en la milicia.
Es de suponer que los dos oficiales pagarÃan más por tener un lugar privilegiado en el cuadro, especialmente el capitán Cocq. Además, está el teniente de la compañÃa, que al tener una estatura muy baja, Rembrandt intentó realzar su figura poniendo un tono amarillo a su uniforme.
Llama la atención la presencia de tres niños corriendo y un perro, por no ser de la misma temática que el resto de la escena. Pero es la niña la que se considera una figura clave por ser la única femenina. Aparece como un rayo de luz en mitad de la penumbra, ya que, parece que las sombras no pueden tocarla.
Rembrandt utiliza el tenebrismo y el claroscuro, creando fuertes contrastes entre penumbra y luz. A pesar del realismo con el que está concebida la obra, la luz no se presenta de forma uniforme sino que ilumina a ciertos personajes y deja a otros en la sombra.
Los tonos del lienzo son principalmente, los tierras y ocres. Aunque hay que destacar el rojo, los blancos, amarillos y negros de algunos trajes.
Sin duda, una obra tremendamente realista por la verosimilitud con la que están representados los personajes y el movimiento que se siente al observarlos, aunque las figuras no sean totalmente nÃtidas. Los rostros, los gestos y las actitudes están captados de una manera extraordinaria, y a pesar de que, en su momento, pasó desapercibido para la crÃtica, hoy en dÃa, es una de las obras más importantes.
 
La lechera es una obra del artista holandés Johannes Vermeer van Delft. Pintado entre 1658 y 1660, es un óleo sobre lienzo de 45,4 centÃmetros de alto por 41 de ancho.
El único personaje es una mujer. Una criada que Vermeer quiere presentar como alguien humilde, trabajadora y concentrada en sus tareas diarias.
La mujer está vertiendo leche de una jarra sobre un cuenco, con la cabeza agachada. Parece aceptar, de una manera natural, su destino sirviendo a otros.
Hay más elementos que merecen la pena resaltar. El bodegón, situado en primer término, está formado por un cesto con pan, algunos panecillos, un cuenco de barro con leche y una jarra. Algunos expertos, señalan que los panecillos son una alusión a la eucaristÃa, y la leche a la pureza.
Además, aparece una ventana, algo habitual en la pintura de Vermeer que sobre todo pintaba interiores, donde la ventana suele aparecer a la izquierda, por la que entra la luz que ilumina la estancia. Una habitación humilde, que se percibe en las grietas y agujeros de las paredes.
La luz tiene una importancia vital en esta pintura, ya que, inunda la estancia. Algo que el artista lo representa con la técnica del pointillé, a base de puntos, que en este caso, dan una sensación de puntos de luz.
En cuanto a los colores de “La lecheraâ€, destaca especialmente el amarillo y el azul del vestido y que además, son los colores holandeses. También hay ocres, grises, marrones y blancos.
Vermeer normalmente presenta a la mujer como un vehÃculo para criticar los vicios de la sociedad holandesa de aquella época pero en este cuadro se la presenta como un modelo a seguir, por sus virtudes y ensalza la figura de la criada.
Están todos los elementos caracterÃsticos de su estilo: el juego de luces y sombras, los colores, la perspectiva lineal y el realismo.
Una obra sencilla, Ãntima y bella, donde la iluminación de sus pinceladas y la sensibilidad del artista se plasman en cada detalle de la misma. Pintura, que por suerte, fue apreciada desde el principio pagando un precio muy elevado para la época.
 
Los sÃndicos de los pañeros es una obra del artista holandés Rembradt. Con fecha de 1662, es un óleo pintado sobre lienzo con unas medidas de 191,5 centÃmetros de alto y 279 de ancho.
Esta pintura se realizó para la Corporación de Fabricantes de Paños de Ãmsterdam y en ella aparecen cinco sÃndicos y un empleado de la Corporación. El sÃndico era una persona encargada de garantizar la calidad de los tejidos fabricados por el gremio. Eran elegidos por un año y se reunÃan tres veces a la semana. Eran miembros de una cofradÃa o comisión y pertenecen a distintas confesiones.
El personaje que aparece en el centro del cuadro, delante del libro de contabilidad, es Willen van Doeyemburg, el sÃndico que preside la mesa. A su alrededor, se encuentran los demás sÃndicos. Todos vestidos de negro, con cuellos blancos y sombreros de ala ancha y con un semblante serio, como queriendo expresar la importancia de su trabajo a través del gesto.
Sus nombres: Jacob van Loon, Volckert Jansz., Aernout of of the Meye y Jochem the Neve. Al fondo, de pie, está Frans Hendricksz, el empleado de la Corporación, vestido también de negro y cuello blanco pero sin sombrero.
Los colores son básicamente el negro, rojo y ocres. Es habitual en los cuadros del artista ver los contrastes entre zonas de luz y de sombra que en este caso aumenta por el negro de los trajes y el blanco de los cuellos.
Una curiosidad de la obra: Rembrandt lo firmó en dos sitios: una en el tapete y otra en la pared.
A través de rayos X se descubrió los cambios que hizo el artista durante el tiempo que tardó en realizar la obra, lo que es una muestra del interés que tenÃa para que les gustara a sus clientes y saliera bien.
Una vez más, Rembradt recurre a los retratos colectivos, de los que se convirtió en todo un experto. A través de sus obras conseguÃa mostrar las diversas clases sociales y religiosas de Ãmsterdam.
 
La obra de El molino de Wijk bij Duurstede es del pintor holandés Jacob Ruysdael. Es un óleo sobre lienzo pintado en el año 1670 que tiene unas medidas de 83 centÃmetros alto y 101 de ancho.
El autor fue un conocido paisajista de la época y este por tanto, uno más de sus maravillosos paisajes. En él aparece un rÃo, un molino, una iglesia y varios barcos.
El cielo juega un papel muy importante y especialmente dramático debido a la gran cantidad de nubes que hay y al hecho de que ocupe las dos terceras partes del cuadro. Un cielo que, anuncia tormenta aunque no hay rayos que lo evidencien.
El rÃo que se puede ver es la desembocadura del Rin en Wijk bij Duurstede. Esto se puede reconocer gracias a que el artista lo quiso dejar claro pintando el castillo y la iglesia de St.Maarte.
Jacob Ruysdael, solÃa pintar la naturaleza de una manera mucho más impresionante de lo que era en realidad, dando un aspecto mucho más dramático a sus obras.
Los paisajistas holandeses del siglo XVII, a diferencia de siglos anteriores, utilizaban puntos de vista muy bajos, lo que permite que salga mucho más cielo. Además, esta forma de pintar hace que ciertos elementos destaquen más. Es el caso del molino en este cuadro, en el que éste aparece en lo alto parece que se le está dando una especial importancia.
La gama cromática es impresionante: azules, verdes, ocres, grises, blancos, marrones y negros.
Sin duda, el pintor consigue acercar al espectador la naturaleza más pura y lo hace ensalzando aquellos aspectos de la misma que considera más interesantes. Como ya hemos señalado, los pintores de la época exageraban los paisajes que pintaban pero, sin duda, Ruysdael conseguÃa hacerlo de una manera extraordinaria.
Gracias a esto consiguió ser uno de los paisajistas más importantes de los PaÃses Bajos y de la historia de la pintura.