La editorial Barril y Barral comienza su catálogo con las cartas completas del poeta maldito Rimbaud, biografía involuntaria del mayor mito de la poesía moderna.
Las biografías de Rimbaud (la clásica de Enid Starkie, publicada en Siruela) suelen demorarse en los años del ‘vidente’, el breve y genial lapso que va de los 14 a los 21 años del poeta.
La anécdota más famosa ocupa unas pocas páginas de esta dura autobiografía involuntaria. El primer ‘enfant terrible' de la poesía seduce al maldito Verlaine. Juntos beben absenta, escriben obras maestras y agrandan la leyenda de la bohemia con su viaje a Londres. A la vuelta, de paso por Bruselas y tras una discusión, Verlaine pega dos tiros a Rimbaud, hiriéndole en la muñeca. El estado belga procesa a Verlaine metiéndole dos años en la cárcel. Y Rimbaud comienza su huida hacia delante.
Rimbaud, ebrio de absenta y desarreglos, escribió entonces los poemas que habrían de triturar la poesía moderna. Pero después dejó de escribir. El dandy y vagabundo que abandonó la lira a los 25, se pateó los caminos comárcales de Europa buscando trabajos humillantes y emigró a África para inventar otro mito. El raficante de armas y de esclavos. Mito o no, lo que queda en sus cartas es el prematuro fogonazo de la inteligencia poética y la intensa caída del hombre adulto.
Del poeta simbolista, ‘Prometo ser bueno’ incluye las famosas ‘Cartas del vidente’, manifiesto de la nueva poesía sinestésica, de la mezcla de mundos dispares (que anticipa el surrealismo) y de la muerte del sujeto lírico: “yo es otro”.
El segundo grupo de cartas, más extenso y duro, dirigido casi exclusivamente a su familia desde diferentes puntos de África, es la crónica de su “libertad” convertida en indigencia. El de “las suelas de viento”, como le llamó Paul Verlaine, viviría pobre, con anhelo de una vida normal, con tifus y sífilis. Sólo regresará a Francia para morir al poco de haber cumplido los 37, quien escribió “el poeta se hace vidente por un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos”, escribirá ahora “por muy estúpida que sea su existencia, el hombre se aferra a ella con uñas y dientes”.
Jean Nicolas Arthur Rimbaud (Charleville, 1854-Marsella, 1891) ya había escrito obras maestras como ‘El barco ebrio’ con sólo 16 años. En París, con Paul Verlaine, el salvaje de Charleville horrorizó a sus contemporáneos y anticipó los logros más extremos de la vanguardia futura con ‘Una temporada en el infierno’ e ‘Iluminaciones’. A los 25 dejó la poesía y la dejó irreconocible. Tras una larga deriva en el continente africano, murió en un hospital de Marsella, ajeno al mito de Rimbaud.
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