Los orígenes del Parque de María Luisa se remontan a 1849, fecha en la que los duques de Montpensier adquirieron el Palacio de San Telmo y encargaron al jardinero francés Lecolant la ejecución de un gran jardín acorde con la majestuosidad del edificio que habían convertido en su residencia.
Lecolant diseñó un gran jardín que, de acuerdo con la moda de la época, seguía los dictados del paisajismo a la inglesa, incluyendo pinceladas de pintoresquismo, aunque también se incluyeron algunas composiciones dentro de la ortodoxia del formalismo francés al que, lógicamente, Lecolant no era ajeno.
En el año 1893 la duquesa viuda, María Luisa de Borbón, cedió gran parte de este jardín a la ciudad. A partir de entonces, el Parque permaneció en estado de abandono mientras que el Gobierno local decidía qué hacía con este espacio.
Los preparativos de la Exposición Iberoamericana de 1929 marcan el inicio de la recuperación de este espacio, ya que el Ayuntamiento ofrece entonces el Parque de María Luisa y los terrenos adyacentes como sede de la misma.
Comienzan los trabajos para adaptar al Parque para esta celebración y se nombra al arquitecto Aníbal González como director de los trabajos de planificación general y de las obras de edificación. Para los trabajos de jardinería se elije a J.C.N. Forestier, ingeniero francés que era conservador de los parques y jardines de París.
El proyecto de Forestier toma como centro de toda la composición del parque una gran parte del núcleo del jardín anterior diseñado por Lecolant y constituido por el eje que une la isleta o estanque de los patos y el montículo del Gurugú.
Este eje se refuerza con la ejecución del estanque de los lotos en una de sus cabeceras y con la de la fuente de los Leones al pie del Gurugú, reacondicionando el estanque de los patos. Como articulación de toda la superficie disponible, crea dos grandes avenidas paralelas: las denominadas más tarde avenida de Pizarro y la de Hernán Cortés, además de una poderosa transversal, la denominada Avenida de Rodríguez Casso.
Finalmente el Parque de María Luisa se abre al público el 18 de abril de 1914, aunque su imagen definitiva, tal y como lo conocemos hoy día, se culmina poco antes de la inauguración el 9 de mayo de 1929 de la Exposición Iberoamericana, cuando se suman al recinto las grandes plazas de España y América y numerosas glorietas.
Su acentuado carácter local, pese a la filiación de los que intervinieron en su diseño, mostrada tangiblemente en el profuso uso de materiales de gran tradición como el ladrillo y la cerámica, convierte al Parque de María Luisa en un exponente significativo de una manera de abordar la jardinería pública hoy olvidada y relegada por otras de mucha mayor aceptación al gusto de los usuarios de estos tiempos.
Terminada la Exposición Iberoamericana en 1930, el Parque vuelve a estancarse, aunque destaca un breve paréntesis de actividad durante el periodo constitucional de la II República, que se cortó posteriormente con la Guerra Civil de 1936.
A partir de entonces, y como consecuencia de la Guerra Civil, el Parque de María Luisa entra en un nuevo periodo de estancamiento, que culmina con intervenciones de dudosa idoneidad, hasta que llegamos a la década de los setenta.
Desde su inauguración y hasta 1973, (fecha en la que se inaugura el Parque de Los Príncipes), el Parque de María es el único parque de la ciudad, de ahí que en el imaginario popular se le considere como el Parque de Sevilla.
En este momento, los ciudadanos y ciudadanas comienzan a demandar a los gobernantes dotación y mantenimiento para los parques de la ciudad, una exigencia que se mantiene hasta nuestros días y que ha sido recogida por el Ayuntamiento sevillano, cuyo interés por activar los espacios verdes de Sevilla y en este caso, el Parque de María Luisa es ya una realidad. Lo demuestra el programa de activación que el propio Consistorio ha desarrollado para este año 2009. Así, poco a poco, el Parque de María Luisa está superando los obstáculos para recuperar el esplendor de antaño y mostrar a los sevillanos y sevillanas la historia que se esconde en sus jardines.
Varios son los origenes que se le adjudican a la ciudad de Sevilla, aunque nosotros nos basaremos para explicar dicho origen en una inscripcion que existia antiguamente sobre una de las destruidas puertas por las que se accedia a la ciudad cuando esta se encontraba amurallada, La Puerta de Jerez, en la cual decia: "Hercules me edifico Julio Cesar me cerco de muros y torres altas, y el rey Santo me gano con Garci Perez de Vargas".
Basandonos en el inicio de la inscripcion, vemos que se le adjudica el origen de la ciudad a Hercules. Sevilla, al igual que Cadiz y Malaga, son ciudades que existian mucho antes de los romanos, por asentamientos fenicios.
Segun la leyenda, un comerciante fenicio, conocido por sus proezas y aventuras, buscando nuevas rutas comerciales, llego a traves del Guadalquivir a una zona de terreno de aluvion ( actualmente la zona entre Jardines de Murillo a Plaza del Salvador ). El descubrimiento de esta zona proporciono una riqueza y un interes evidente, a la vez que un flujo importante en el comercio de griegos y fenicios con el sur de la peninsula Iberica. Este mercader fenicio de extraordinaria reputacion y aventurero, fue mitificado y llamado mas tarde por los romanos como Hercules.
Sin duda alguna, la fundacion de lo que mas adelante seria Sevilla, corresponde a un pueblo con un nivel importante, con riquezas minerales, que provoca un trafico comercial con pueblos de la ribera mediterranea, concretamente con griegos y fenicios, a su vez para facilitar esta corriente economica crean unos asentamientos dotandolas de una infraestructura que correspondia a lo que hoy se conoce como ciudad.
Sevilla, desde su origen, curiosamente siempre ha estado conectada con el embarque y desembarque de metales preciosos. Mientras que en el Siglo de Oro la ciudad es punto de llegada de riquezas de otros lugares del mundo, en su origen es punto de salida de riquezas hacia otros pueblos lejanos, concretamente hacia Oriente.
Sevilla ha sido pues, siempre un punto de referencia de culturas lejanas a su entorno, y a su vez, recipiente fisico para otras culturas. En este sentido, es importante constatar la cultura orientalizante de los primeros habitantes conocidos de esta zona, que en gran medida procedian de Grecia y Fenicia y que aportaron un planteamiento absolutamente oriental de la religion que no desaparecio en la epoca romana, de ahi por ejemplo, la historia de las martires santas Justa y Rufina, que esta provocada por la negacion de las mismas a respetar un culto sirio que aun estaba arraigado en la ciudad.
De la Sevilla tartesica o fenicia no queda nada visible en la ciudad, solo restos de prospecciones arqueologicas que han permitido determinar el espacio que hemos mencionado, un espacio reducido sobre el cual se ha desarrollado gran parte de la historia de la ciudad.
Me he animado y aunque no se como me saldra,voy a ir poniendo cositas y fotos de la que para mi es la ciudad mas bonita del mundo.Si quieres ir aportando algo encantada de que me ayudes.
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09/08/2010Fundador:
Lola Pastor R.Privacidad:
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Historia